Demuestra tu apego a la naturaleza, combinando prendas tradicionales con el mar, el sol y los paisajes.
Dale a tu atuendo un toque mediterráneo, vive la moda en total libertad y vístete como quieras, pero siempre con buen gusto.
Las tendencias más fuertes para este verano son las siguientes:
Diseños étnicos, prendas autóctonas, vestimentas tradicionales y estilos hippies, todo de lo más actualizado.
Cortes sin ataduras que expresan libertad y rebeldía; ropajes originales como pantalones estilo pirata.
Sin renunciar a la sencillez y a la comodidad, los modelos son femeninos y sugerentes, aportan frescura y sensualidad.
Tradicionales: Bellos modelos que regresan al origen más clásico; creaciones teatrales pero equilibradas y graciosas; estilos campesinos.
Sencillos: De sobria sencillez con una nota de alegría con los colores más veraniegos; vestidos de mangas asimétricas.
Tradicionales: Los diseñadores de moda han mantenido para este verano las texturas antiguas, vaporosas y mediterráneas como lino y algodón.
Sintéticas: Se han incorporado nuevos tejidos sintéticos como la lycra, látex e incluso plástico, sobre todo en los trajes de baño.
LA MODA BLANCA: Se sigue manteniendo la fuerte influencia del blanco junto a los colores vivos propios del Mediterráneo. En las prendas se recrea el blanco de las casas, el rojizo de la tierra y los colores de las artesanías. El blanco también es el fondo de los estampados en grandes motivos florales rojos y verdes.
EL COLOR: Se manifiesta como en la arquitectura rural. Los tonos más naturales se salpican de colores fuertes como el fucsia. El lila o el negro son muy favorecedores en las faldas largas y transparentes.
Y, sin vacilar más, cogió a doña Jacinta, se la echó sobre los hombros como si fuera un fardo, e inició el camino hacia el cielo.
Después de un viaje sin contratiempos llegó a su destino. Dio fuertes aldabonazos a la puerta de entrada y le preguntaron.
-¿Qué buscas?
-Audiencia con el Arcángel Miguel- respondió Lucifer. Sabía que San Pedro era muy estricto y no le convenía hablar con él. Por otra parte el Arcángel Miguel aun cuando hubiera sido su vencedor, era militar, y entre colegas es siempre más fácil entenderse.
Tal como lo había imaginado, el Arcángel Miguel accedió a concederle audiencia y apareció al poco rato. Lucifer le expuso su problema, y el Arcángel le escuchó atentamente. No le prometió nada definitivo pero le dio su palabra de que trataría de obtener la autorización solicitada.
Efectivamente, así fue. Al regresar de la conferencia con San Pedro, le entregó a Lucifer las órdenes escritas y este, satisfecho de haber resuelto su dilema, emprendió el camino de regreso.
Pero esta vez no bajó directamente al infierno.
Con el espíritu de doña Jacinta a cuestas se introdujo en el velorio de esta.
Ya no tenía prisa, así es que se detuvo un instante a tomarse un guarapito en la mesa tan discretamente colocada.
Durante un rato sopló el humo de las velas para que este se introdujera directamente en las narices de unas cuantas plañideras. Y se hubiera quedado un ratito más divirtiéndose en el velorio, si no hubiese sido por la aparición del Padre Ignacio, ante cuya presencia comenzó a sentirse incómodo e inquieto.
Decidió terminar su labor. Pero, como tenía que trabajar de espaldas al Crucifijo, colocó primero la cabeza del espíritu de doña Jacinta, dentro de la cabeza de la misma. Estaba terminando de ajustarle bien los pies, cuando se dio cuenta que la difunta se había incorporado y decía a voz en cuello:
-¿De qué misterios hablan que yo no me he enterado?.
Alarmado por el exabrupto, actuó con la rapidez característica de su condición de Gran Diablo. Saco las tijeras y en un santiamén, ¡Zas! Podó la lengua de doña Jacinta, antes de que esta pudiera protestar.
Luego se alejó a todo vuelo hacia abajo, sintiendo un poco que el ser tan diablo no le permitiera agradecer al Arcángel Miguel el haberle conseguido la autorización para devolver a doña Jacinta, hasta que estuvieran terminadas las ampliaciones del Departamento 4300.
Hasta entonces, y por mandato expreso de autoridades superiores, doña Jacinta cumpliría su condena en la tierra.
Esto fue lo que me contó mi abuela. Y a ella, como ya les informé, se lo había contado la suya, que era eximia cuentista; íntima amiga de don Antonio quien era experto en urdir cuentos.