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El estrés postraumático del 11-M


Al trastorno de estrés postraumático se le solía llamar "fátiga de combate" y los estudios realizados se centraban casi siempre en los veteranos de guerra. En la actualidad la situación es diferente. No hay que ser soldados para que se diagnostique este trastorno de conducta, que es una reacción frecuente observada en personas normales que han vivido una situación aterradora sobre la que no tienen control.
El día en que un múltiple atentado reventaba varios vagones de tren y mataba cerca de 200 personas y hería a más de 1.400 en Madrid, España, me acordé de este desorden y he querido escribir sobre el mismo.
El estrés postraumático es mucho más común de lo que se imagina la mayoría de la gente y afecta a toda clase de personas que pasan por trances de diversos tipos. Entre los detonantes figuran desde una guerra hasta un accidente automovilístico, pasando por un intento de violación. Hasta operaciones quirúrgicas o infartos han sido el desencadenante en algunos casos. Para que se emita un diagnóstico de esta índole la persona tiene que haber sufrido una situación traumática en que haya puesto en peligro real o potencial su integridad física.
El "terror repentino" hace que ciertas hormonas se disparen, lo que ocasiona un estado de hipervigilancia. Los niveles hormonales suelen volver a la normalidad cuando ya no hay peligro, pero se mantienen altos en los que están en crisis y se sienten amenazados por pensamientos inquietantes los cuales en ocasiones dan origen a ataques de ansiedad o de furia. Las víctimas suelen tener pesadillas y reviviscencias que le dan la sensación de que todavía no ha acabado el conflicto y que parte de sus vidas murió en la horrorosa experiencia.
Entre los síntomas de un estrés postraumático menciono los siguientes: la sensación de que el trauma se repite; pesadillas; tendencias a sufrir de sobresaltos ante un ruido fuerte; temblores y sudoración; palpitaciones y problemas para respirar; ansiedad o temor: falta de concentración; insomnio; agitación y constante estado de hipervigilancia; embotamiento emocional; dificultad para sentir afecto y emociones intensas; sensación de que el entorno es extraño; perdida de interés y apatía; dificultad para recordar aspectos importantes del hecho traumático.
La increíble rapidez con que se perdieron tantas vidas aquel 11-M, nos debe llamar a la reflexión. ¿Qué hemos aprendido del 11-M? ¿Cómo pusieron de relieve este suceso algunas de las mejores cualidades de la humanidad, como la abnegación, la compasión, el aguante y el altruismo?
La magnitud del desastre impulsó a miles de madrileños a protestar enérgicamente de toda manera posible. A mí en lo personal, me impactó comprender lo frágil que es hoy la vida.
El 24 de enero de 2002, todas las religiones se reunieron en Asís a favor de la paz. Representantes de las religiones organizadas del mundo se congregaron para orar por la paz, una paz amenazada por el terrorismo, la intolerancia y la injusticia.
La jornada empezó muy temprano en la mañana de aquel día con la salida del "tren de la paz" de la pequeña estación vaticana. El tren, cuyos cómodos vagones viajaron el Papa y los otros líderes religiosos, fue escoltado por dos helicópteros durante las dos horas de viaje hasta Asís. ¿Quién escoltaba a los vagones del tren con destino a Atocha? En él iba Dios igual que en el tren hacia Asís. En cualquiera de los casos, esto me hace pensar que Dios nos crea libres de optar por el bien o por el mal. Dios no es de guerras ni de batallas, ni de terrorismo, ni de enfermedades, ni de violencia. De seguro que Él trató de impedir que el mal triunfara sobre el bien aquel 11-M.
Es lamentable que en el tren hacia Atocha viajaran fanáticos de líderes religiosos que no enseñan el propósito divino de fomentar la paz. Más bien, se valen de su fe, de su fanatismo para promover el odio y el terrorismo.


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148592
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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