Prometieron amarse para toda la vida. Los príncipes Alberto II y Charlene de Mónaco, quienes se unieron el viernes en matrimonio civil, se volvieron a dar ayer el "sí" , en una ceremonia religiosa celebrada en el patio de honor del Palacio del Principado.
Muy seria durante el principio del enlace, se pudo ver a partir de ese momento a la ex nadadora algo más relajada, especialmente cuando la soprano sudafricana Pumeza Matshikiza cantó en su honor.

Una dinastía condenada a la infidelidad.
Luego de ver llorar a la princesa, muchos medios comentaron que sí se trataba de la emoción del momento, pero no, ese llanto tenía una respuesta: la princesa está triste .
Un día antes de la ceremonia civil, la novia se escapó, pero la atraparon a tiempo en el aeropuerto francés de Niza y la llevaron de vuelta a su dorada jaula monegasca. Esta es una de las tantas versiones que cayó como una bomba y corrió como pólvora por las diversas agencias noticiosas.

Casi de inmediato los abogados de la familia Grimaldi desmintieron categóricamente la noticia. Poco después el principado publicó un comunicado denunciando “falsos alegatos destinados a empañar la imagen del soberano y, por ende, la de Charlene Wittstock”, la ahora princesa.
Algunos chismes explican que Wittstock habría descubierto que “la vida de su esposo no es tan clara como parece”. Otros indican que el príncipe tiene un tercer hijo ilegítimo, hasta ahora solo se sabía de dos.
Cabe destacar que si Alberto no tiene un hijo legítimo, el principado volvería a formar parte de Francia, algo que no ocurre desde el siglo XIII.