Más de 7 mil millones de habitantes en el mundo, junto con las 1.75 millones de especies de seres vivos que según Wikipedia han sido descritas a la fecha, de las cuales unas 1.300,000 son animales y 300 mil plantas, tienen que compartir el agua y otros elementos para subsistir.
Mente, corazón y espíritu forman el todo de cada uno de los seres humanos que pueblan este hermoso planeta, quienes con esta trilogía y sus manos pueden construir un mundo mejor, donde se garantice el bienestar colectivo, o cavar la tumba de la especie.

Este es el único hábitat que tenemos. Debemos cuidarlo con celo y responsabilidad. Formamos parte de esta gran cadena biológica. Somos interdependientes y tanto omisiones como acciones desatinadas aquí y allende las fronteras inciden en el globo terráqueo.
La escasez de agua que agobió a Panamá hace menos de un mes y el calor que la ha sofocado estos tres últimos días deben causar más que preocupación, motivar a la acción.

El mensaje que envía hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presenta información a la cual no se debe hacer poco caso: “Según FAO, cada año se desperdician 1.3 billones de toneladas de comida. Esta cifra equivale a la producción alimentaria de todo el África Subsahariana. Al mismo tiempo, una de cada siete personas del planeta se va a la cama hambrienta y más de 20,000 niños de menos de 5 años mueren de hambre cada día”.
Son estadísticas que evidencian injusticia, falta de solidaridad, irresponsabilidad y egoísmo.
Más adelante señala el PNUMA que “la producción global de alimentos ocupa un 25% de la superficie habitable, un 70% de consumo de agua, un 80% de deforestación y un 30% de gases”.
Recordemos que nuestras manos actúan según lo que pensemos y deseemos hacer. Esas manos debemos ponerlas a sembrar (si no hay terreno hacer huertos colgantes o sembrar en el techo como en Taiwán); a las compañías constructoras deben exigirles (multarlas, si no lo hacen) dejar áreas verdes; en las escuelas deberían enseñar a los niños y jóvenes cómo hacer un huerto, tal como lo hizo en el Hospital del Niño el Dr. José Renán Esquivel.
Respeto es clave. Cada vez que se va a construir destruyendo la fauna y flora vamos reduciendo las posibilidades de sobrevivencia del Homo sapiens. Debemos valorar cada una de las 9,934 especies de aves, las 8,240 de reptiles, las 5,918 de anfibios, las 29,300 de peces y las 950,000 de insectos. Que quede claro: así como cada ser humano tiene una misión, ningún animal ni planta sobra.