Ingenioso, carismático, sencillo, con mucha buena vibra, Juan Luis Guerra superó las expectativas de un numeroso público que desde las últimas horas del atardecer del sábado 27 formaba fila para llegar al Figali Convention Center al tan anunciado concierto del afamado cantante de República Dominicana, en el cual su sobrina, la también mundialmente conocida Amelia Vega, Miss Universo 2003, era la cantante invitada.
Una velada inolvidable fue la que ellos y los 440 hicieron vivir a la concurrencia, que incluía, desde adolescentes hasta adultos mayores quienes dieron por bien invertido su tiempo y dinero pues bailaron sabroso. Unas veces pegaditos y otras más suelto.

La falta de pareja no fue obstáculo, pues se pudo ver a bastantes personas que bailaban solitas. Lo importante era gozar.
La primera en subir al escenario del Figali fue Amelia Vega, acompañada de un cuerpo de baile de 6 bailarines, la cual cantó tres temas: “Enamórate de mi”, “Agua dulce” y “Toca la tambora”, mientras cimbreaba su cuerpo al son de la pegajosa música.
Expresó que fue grande su emoción al saber que vendría a Panamá a la que tanto cariño le tiene.
Luego, entró al escenario el merenguero más querido del mundo, Juan Luis Guerra, con su peculiar estilo y fue aplaudido a rabiar por sus fanáticos.
Cantó, una tras otra, 27 canciones, empezando con “¡Apaga y vamonos!”
El público no cabía en sí de felicidad.
Cuando dio por concluida su presentación, se despidió con una lluvia de confeti, entre aplausos, silbidos, vítores y otras exclamaciones de júbilo por parte del público. Las luces se apagaron.
Pero, el público quería más. Pero callados, todos miraban en la misma dirección. Nada. Nada.
Tras unos minutos, que parecieron horas, retornaron los músicos, se encendieron las luces y las cinco pantallas (dos laterales y tres atrás del escenario), el público rompió en aplausos, el espectáculo no había terminado.
Retornó el bienquerido merenguero dominicano, guitarra en mano.
Entonces, cantó tres temas “La cosquillita”, “´Burbujas de amor” y cerró con “Ojalá que llueva café”.
Y llovió café. Eran tan buenos los efectos, que en verdad quien diga que la noche del sábado pasado no llovió café en el Figali, miente.
Llovió café. Después, cuando el salió del escenario, tras despedirse, esta vez, sí, hasta la próxima (con las palabras ¡Gracias, Panamá!, Buenas noches), una cortina de agua (efecto) lo separaba de sus fans. Entonces, la lluvia fue de aplausos.