En este país los incentivos para la creación literaria son pocos. La suma que se otorga para el premio más importante en la literatura es de unas 2000 lempiras, lo que equivale a unos 150 balboas.
Pese a ello, los escritores como Roberto Sosa, considerado por la crítica internacional como el mejor exponente de la poesía hondureña, a sus 77 años continúa siendo un artesano de su producción literaria, esto en todos los sentidos.
Sosa habla bajo y pausado, como si necesitase permiso supremo para elevar su tono. O quizás, por la nostalgia de recordar sus inicios, ese tiempo en que escribía por la necesidad de expresar algo, sin tener las técnicas de escritura.
Poco a poco don Roberto se hacía poeta, mientras trabaja como "timekeeper" (tomador de tiempo), sin la necesidad de un reloj. Lo hacía por medio de las tablas matemáticas y algunas fórmulas que ideó para este fin.
Sosa conoce Panamá y también sus escritores. En dos oportunidades ha sido jurado del premio Ricardo Miró. Fue amigo de Rogelio Sinán y de Pedro Rivera.
Don Roberto se dio a conocer en el extranjero por medio del Premio Casa de las Américas, que no pudo recibir, porque en ese tiempo era prohibido. Pero ese texto salió de las fronteras cubanas y hondureñas hacia otros países más poderosos culturalmente.
Él habla además de la poca calidad que tiene la educación de su país en este momento. Y peor aún, si la compara cuando fue estudiante de los cinco años de primaria, donde aprendió las tablas hasta el 12 y la geografía de todo el mundo.
Aprendió una técnica leyendo a escritores ya consagrados en este arte, como Ramón Molina, Rubén Darío, Amado Nervo. Además de una gran capacidad para memorizar poemas.
"En ese tiempo no se leía a las mujeres. De las mujeres se decía que no eran literatas. Ahora todo eso ha cambiado. La literatura es un lujo y no tiene sexo", señala.
Cambia su destino con el libro "Los pobres" de una temática social. Gana premio en España en el año 1968.
En Honduras se inició un periodo de reconocimiento de Sosa como uno de los exponentes de la poesía a pesar de las reticencias porque él era un recién llegado, como se llama a los escritores jóvenes.
Hoy, don Roberto dice que sus libros están incluidos en los programas de estudios del Estado. En ese sentido, esa es una forma de darse a conocer por un público amplio: los estudiantes. Pero, también le preocupa la piratería, sobre todo la "muy elaborada".
Recuerda esas ediciones de autor, es decir, aquellas que dependían casi en su totalidad de su persona, desde escribir, corregir, distribuir, entre otros trabajos.
Para sus versos escoge el "papel viejo", porque "es muy lindo para la poesía". Ese papel vendría a ser el modelo llamado reciclado, que tiene una coloración oscura. Y, sobre sus libros está corrigiendo una nueva edición del libro "Sosa para siempre", que salió con muchos errores.
Como escritor tiene amigos y enemigos. Sobre los últimos, están "sindicalizados". Pero, a los que más le teme son a los enemigos ocultos. Él clasifica el odio literario como el más refinado que el odio político, a pesar de haber sido presa del último, cuando fue expulsado de la Real Academia Hondureña de la Lengua, por el vago motivo de "inasistencia".
Recomienda Sosa, que además de la poesía también escribe ensayos, que los escritores latinoamericanos deberían unirse para publicar una antología con poesía de estos países.
Sobre el éxito tiene una posición muy particular. Lo ve como algo que no es real, y cita que una vez preguntó a un campesino quién era Miguel Ángel Asturias y le respondieron que era el mejor constructor de casas. Lo más doloroso fue que ya Asturias había sido Nobel muchos años atrás.
El éxito no es igualitario para todas las personas, es el mensaje que nos transmite Sosa.
Roberto Sosa participa de la Semana Hondureña en Panamá, a celebrase hasta el viernes 14 de septiembre.
Durante este periodo habrá una exposición pictórica de Ezequiel Padilla.
"Muchos escriben versos, pero hay pocos poetas".