Los juguetes que nunca recibió. La comida que no llegó. La oportunidad de vida que se perdió. En eso piensa Laura O"Meara, una ama de casa estadounidense, cuando piensa en la muerte de Santiago, el bebé de Tucumán que perdió la vida por desnutrición el pasado sábado mientras una caja de alimentos para él esperaba en la aduana.
Laura, junto con otras amigas, había organizado la colecta después de leer un artículo en el Washington Post sobre la desnutrición en Argentina. En este caso hablaban de Tucumán, una provincia al norte del país, donde Santiago es tan sólo uno de los tantos niños que sufren hambre por la crisis económica.
"Era un 6 de agosto. Lo recuerdo bien porque la historia me quedó marcada en el corazón. Hablaba de las penurias de Beatriz (la madre de Santiago) para darle de comer a sus hijos", explica Laura a la BBC. Esta historia, igual que a ella, conmovió a muchas personas en Estados Unidos que hasta ahora no conocían nada sobre Argentina y mucho menos la grave crisis por la que atraviesa el país.
"Al principio no tenía sentido la historia. ¿Cómo puede pasar esto en Argentina?, pensé. Y luego me di cuenta que si a ellos les pasaba eso, a nosotros también nos podía pasar. Y eso me motivó a hacer algo", dice Laura.
En un principio la intención de esta ama de casa fue mandar algunas cajas de comida, directamente a Beatriz, para que no tuviera que "engañar el hambre de su niño con tierra". "No podía soportar la idea de la madre intentando que su niño no sufriera hambre", dijo Laura. Por eso, decidió utilizar 7 mil dólares que tenía ahorrados para un nuevo coche en comida para esos niños. Nunca pensó que sería tan complicado.
"Creo que logramos mandar el contenedor con comida por pura inocencia e ignorancia de lo díficil que es ayudar. Cada paso, era una complicación. Pero eso al final nos hizo trabajar duro y no darnos por vencidas", señaló. Así, al mes, Laura logró juntar todo un contenedor con artículos que el hospital pidió en una lista, como leche en polvo, arroz y comida en lata.
El embarque llegó a puertos argentinos el 5 de septiembre. Sin embargo, debido a retrasos burocráticos, Santiago nunca recibió la ayuda. Murió el sábado mientras esperaban el cargamento que incluso traía juguetes que la gente mando específicamente para él.