Pericles, el gran orador griego, se habría sentido muy orgulloso de Santiago Gallardo, como orgullosos están todos en Guna Yala, como orgullosos están sus familiares y amigos, sus profesores, los panameños, los jóvenes, los que lo vieron “engrandecerse en el escenario”, como afirmó el periodista y presentador de CNN en Español, Ismael Cala, presidente de los jurados.
Santiago Gallardo en su pieza oratoria fue muy espontáneo. Habló desde lo más profundo de su corazón. Expresó sus convicciones, su verdad, una de sus grandes preocupaciones. Habló de su querida Guna Yala, del temor a que el mar se la trague, porque, nosotros, los seres ‘humanos’, los más ‘racionales’ de todas las especies que pueblan la Tierra, no hemos aprendido la gran lección que hace 156 años trató de enseñar a los políticos de Estados Unidos (al Presidente Franklin Pierce) el Gran Jefe Seattle, de la tribu Dewamish.

Santiago, la memorable noche del domingo 13 de noviembre, dio lo mejor de sí. Esa, la noche en que los carnavales en Panamá pareciera ser que se adelantaron y cambiaron de escenario, cuando miles de estudiantes y seguidores de cada uno de los diez finalistas del Concurso Nacional de Oratoria Cable & Wireless, Caja de Ahorros- MEDUCA 2011 se dieron cita en el Centro de Convenciones ATLAPA, para apoyarlos de todas las maneras posibles: con consignas, pancartas, afiches, globos, bandas, gritos, silbidos, sombreros, camisetas con fotos de ellos... durante casi cuatro horas.
Porque Dios así lo quiso, Santiago Gallardo se llevó la Copa Nacional de Oratoria 2011. Por ser él, por ser auténtico, por hablar con propiedad, porque persuadió al jurado con sus planteamientos. Porque les ‘vendió’ su sueño.

Ante millares de ojos que seguían la gran final por cadena de televisión, internet y la radio, Santiago Gallardo demostró varias cosas: que Panamá tiene en él a un gran líder; que superó las barreras del lenguaje y las diferencias culturales y étnicas; que es un gladiador en el gran escenario de la vida, pues aunque hubo quienes no apostaban por él, se mantuvo firme pregonando su verdad, haciendo uso del derecho a expresar lo que para él es prioritario; pero, lo más importante, Santiago demostró que es humilde, porque apenas se leyó su nombre como ganador, cayó de rodillas para dar gracias públicamente a Dios, el dueño de todo, del ayer, el hoy y el mañana.
Dyaneris Martínez, la estudiante que ganó el segundo lugar, minutos antes de conocer los resultados, lo abrazaba y sonreía. Él, humilde, hasta se diría que algo ausente (¿estaría, quizás, elevando una oración silenciosa al Padre?), sólo se dejaba abrazar.

Los que se vivieron la noche del domingo 13 (¿quién dijo que ese número es de mala suerte?) serán momentos inolvidables para Santiago, para Panamá, para los diez finalistas, para los que se atreven a dudar de que Panamá sea cuna de triunfadores.
Luego de escucharlos y verlos competir en buena lid, gracias a un invaluable equipo de colaboradores del que forman parte sus profesores asesores, familiares, empresas patrocinadoras del concurso, ya están ellos diez, la generación de relevo, casi listos para hacerse cargo de forma honorable del País. Es sólo asunto de tiempo, de que vivan otras experiencias, de que recorran otros caminos, de que aprendan todo lo que puedan y muestren sabiduría al aplicarlo o no.

Ellos diez, Santiago Gallardo (Guna Yala), Dyaneris Martínez (Herrera), Leydis Caicedo González (Panamá), Manuel Mosquera (Darién), Louissis McDonalds (Colón), Edwin Beitía (Chiriquí), Jannei Montenegro (Bocas del Toro), Gloria Ortíz (Coclé), Miguel Fernando Díaz (Los Santos) y Elpidio González (Veraguas), en sus diversas disertaciones enviaron mensajes a todos los componentes de la sociedad: sobre los problemas que la aquejan, posibles maneras de solucionarlos, la importancia de erradicar malas prácticas que van en detrimento de la vida, la honra y los bienes de las personas (prácticas que dividen, que envilecen, que degradan, que son censurables a los ojos de sus semejantes y principalmente a los de Dios, al que no se le escapa nada de lo que sucede) y la urgente necesidad de cuidar nuestras actitudes, desarrollar aptitudes, mirar con ojos de concordia a nuestros congéneres, lo importante que es trabajar en equipo, la urgencia de que cada uno asuma su rol de constructor de una mejor sociedad y no se quede siendo crítico y detractor de ella y de los demás, de quitarse el ropaje de depredador y vestir el de hermano.
