Hace algunos años tatuarse era mal visto y hasta considerado "cosa de maleantes", pero con el pasar de los años ha ido perdiendo sus tabúes, por lo que ha ganado más seguidores.
Hoy, las casas de tatuaje son un negocio que crece cada día, porque dibujarse en la piel es adictivo, y algunos lo catalogan como el mejor vicio.
"Siempre quise hacerme solo un tatuaje. Fui a un estudio y me lo hice, al mes regresé por otro y, desde entonces, no he podido parar, ya tengo 17". Así como le pasa a Susana, le ha pasado a cientos de amantes, quienes no han podido dejar de marcar su piel.
Para el tatuador profesional Eddie Rosas, de 3Crows Tattoo Shop & Supply, esto tiene su explicación científica.
Y es que ante la simple idea de hacerse un tatuaje ya comenzamos a sentir cierta adrenalina. Sabemos que la adrenalina se genera en el cuerpo como una reacción ante determinadas situaciones que implican peligro y dolor. Hacerse un tatuaje implica en todos los casos algún dolor, ya sea mínimo o agudo, pero al perforar la piel, innegablemente y por más pequeño, el dolor se hará presente.
La adrenalina provoca un sentimiento placentero. Existe una creencia generalizada acerca de que el cuerpo puede volverse adicto al bombeo de adrenalina. Además, cuando se le administra dolor al cuerpo, este libera endorfinas, al igual que la adrenalina, son segregadas por las glándulas renales y corren directamente por todo el cuerpo ante determinadas situaciones. Hacerse un tatuaje es una de ellas.
Las endorfinas son hormonas que se segregan naturalmente para aliviar el dolor en el cuerpo. Funcionan como una suerte de sedante o una droga. Aparecen como respuesta al dolor que, como ya dijimos y como bien se sabe, provocan las agujas al entrar en la piel.
"Siempre llegan por uno, luego que rompen la barrera del temor, vuelven por más", dijo Rosas.
Además de la adrenalina, se puede segregar dopamina, la hormona que se libera cuando se hace cualquier cosa que psicológicamente genere gusto o placer, así lo explicó el doctor Jonathan Batista.
¿Qué representan los tatuajes?
En personas con trastornos psicológicos que implican problemas en la interacción social y la comunicación, hacerse un tatuaje se presenta como una forma de facilitar entablar relaciones, de empezar una conversación y de conocer gente nueva. Para otros se trata de impregnar la piel de dibujos que representen pensamientos, sentimientos o temores propios.