Si todos sus cuadros se quemaran empezaría de cero. Uno a uno. Con la pasión que alimenta ese deseo de pintar, pintar y pintar, que le es casi tan vital como el aire que respira Desiderio Sánchez. El cien por ciento panameño. El bocatoreño.
Era un estudiante de Medicina. "Un comedor de libros".
Su pobre padre, de Bocas del Toro lo mandó a la capital para que fuera doctor. El bocatoreño hijo de un ganadero que disfrutaba dibujando cosas recreativas de revistas y las pintaba con cera fue a Europa. Allá vivió 12 años. En Londres trabajó tres como maestro de escuela.
"Fui a Europa a buscar éxito. Tenía ese complejo. Creía que el éxito era salir mucho en los periódicos y vender muchos cuadros. Me percaté que tenía la talla de poder igualarme a los mejores pintores de Europa y Estados Unidos".
Aprendió de su progenitor esa técnica que le ha dado excelentes resultados. "Mis mejores pinturas son hechas con cera. Las que tienen más calidad." "Si la humanidad pereciese porque tirasen una bomba de hidrógeno, sólo así dejaría de pintar".
¿Qué razón habría para pintar si no hubiese nadie para admirar los cuadros? se pregunta. Y vuelve a decir: "Yo pinto para la gente. Nadie se viste para verse él mismo. Se viste para que lo vean otros. El arte es para ser contemplado, visto. Para recrearse con él, para despertar pasiones. Tengo demasiada pasión, demasiada devoción por el mío".
La suya es una familia donde el arte siempre ha estado presente. Ejemplos son su padre y otros familiares como su primo el escritor Tristán Solarte, Olga Sánchez y José María Sánchez.
No puede sustraerse, no puede esquivar. No quiere, esa necesidad de pintar lo domina. Ha pintado por más de 60 años. "Profesionalmente. Casi sin descanso. Todos los días. Mi Dios me ha dado este gran privilegio de pintar".
Sánchez hace una pintura representativa, figurativa, muy descriptiva, narrativa. "Digo siempre que los latinoamericanos tenemos una larga historia qué contar. Una historia muy dolorosa. Nuestra independencia fue muy dolorosa y muy noble", comenta.
Con esa memoria privilegiada de que hizo gala varias veces durante la entrevista, el pintor al que la Asamblea Nacional rendirá hoy homenaje añade: "Dice Simón Bolívar Bolívar en la Carta al Coronel José de Fábrega, el 1 de febrero de 1822: "No me es posible expresar el sentimiento de gozo y admiración que he experimentado al saber que Panamá, el centro del Universo, es segregado por sí mismo, y libre por su propia virtud. El Acta de la Independencia de Panamá es el documento más glorioso que puede ofrecer a la historia ninguna provincia americana".
"El sombrero es un distintivo especial mío. Igual que el paraguas. Aunque, me da pena usarlo porque no es muy común como en Venezuela el llanero, el gaucho en Argentina y el indio peruano. Pero lo luzco con orgullo porque es un distintivo del montuno, del paisano nuestro. Me eduqué en México y absorbí mucho de México. En la época de México lindo. De Jorge Negrete, de Agustín Lara, de María Féxix, de María Bonita. De los ases. Cuando el mexicanismo era muy profundo. Cuando el que no era mexicano mejor era que se muriera. Y tuve que rivalizar mucho con ellos".
Una de las obras que más le gusta a Desideiro Sánchez es "Los Miserables", de Víctor Hugo. Ha leído a García Márquez, y sobre todo, al Ingenioso Hidalgo. Nos dijo de memoria varios párrafos del primer capítulo de El Quijote.
"Nunca dejo de admirar la galanura de Cervantes", expresa este amante de la poesía. Sus favoritos son Lope de Vega y Amado Nervo.
El pintor del dolor habla Español, Inglés, Francés y algo de Latín. "Teníamos que recitar el Latín. El Mester de Clerecía, el Mester de Juglaría".
De deportes también sabe. Su favorito es el béisbol. Le gustaría que en el mundial de Alemania 2006 ganase un equipo latinoamericano. Brasil o Argentina. Tiene un afecto especial por estas dos naciones sudamericanas. Vivió en La Boca. El Boca Jr. era su equipo. Estuvo en el Maracaná hace mucho tiempo y expuso en Río.
Allí no termina su afición deportiva. Cuando muchacho fue boxeador. En Costa Rica defendía la bandera de los panameños. Se ganaba B/. 27.00 en San José. Peleando antes de la Pre estelar. Una vez le dieron una tunda y eso fue todo. ¡Adiós boxeo!
Después lanzó la pelota en Almirante. Por el equipo de la compañía frutera. Eran los tiempos en que a los deportistas no se les pagaba. No era negocio.
Todo eso fue antes de conocer a Berta. La conoció en el "nido de águilas". En el Instituto Nacional. Era su estudiante.
En los tiempos en que "Katín" Vásquez era subdirector.
Le preguntó al director si un profesor podía casarse con una estudiante. Recuerda que le contestó que le parecía bien. Lo que le parecía mal era esos profesores que sólo querían tener aventuras con sus alumnas.
"La señora Berta es una persona muy especial que se ocupa de todos los detalles y me siento demasiado consentido por ella. Yo soy muy desorganizado y desmemoriado. Ella tiene un instinto para recorrer los cuadros y reconocer qué cuadros tienen calidad".
Llevan 30 años de matrimonio, tienen tres hijos. Los nietos ya vienen en camino. Los hijos son Desiderio Sánchez Jr., Esther Marina Sánchez y Castor Sánchez. Castor Sánchez, en honor al abuelo. A ese padre tan querido de Desiderio, Castor Emiliano Sánchez. El que le enseñó que el de la pintura era un mundo maravilloso. El que marcó su vida para siempre. El que con Isaura Sánchez, su madre, le enseñó al pintor del dolor las primeras palabras.
El resto corrió por cuenta suya.