La obesidad es una enfermedad que debe ser tratada, pero en la mayoría de los casos, las personas creen que el aspecto físico que poseen estas personas es porque ellos mismos han buscado estar así o por comer demasiado.
“El estigma a la obesidad puede venir en varias formas, incluyendo tipos verbales (como el ridículo, burlas, insultos, estereotipos, nombres despectivos o lenguaje peyorativo), estigma físico (por ejemplo, tocar, agarrar, u otros comportamientos agresivos llegando al bullying) u otras barreras y obstáculos debido al peso (como equipo médico que es demasiado pequeño para los pacientes obesos, sillas o asientos en lugares públicos, que no se adaptan a estas personas o tiendas que no venden prendas de vestir en tamaños grandes)”, comentó el psicólogo José Aguilar.
Lo cierto es que son excluidas a la hora de buscar un empleo, sostener una relación íntima o con las amistades más llegadas.
En el empleo: en muchas ocasiones se da preferencia a personas con mejor apariencia física, pues se subestima al obeso por ser gordo y porque se cree que es menos activo. Se les cataloga como perezosos y se les excluye a la hora de tomar decisiones o para formar parte de un grupo de deportes en la oficina.
A la hora de buscar trabajo son pocas las empresas que los toman en cuenta, siendo las boutique de ropa una de las más notables.
Con los amigos: no los invitan a lugares públicos, por pena a que lo juzguen. No los invitan a realizar deportes, pues creen que no lo logrará.
Relaciones sentimentales: en la mayoría de los casos, debido al rechazo de la sociedad, la persona obesa no se atreve a mostrar sus sentimientos con alguien por miedo al rechazo. A su vez cree que como es obeso no resulta atractivo, se aisla y se limita a entablar, ya sea amistades o noviazgo.
Los problemas de imagen corporal a menudo comienzan en la infancia con los padres, quienes critican el peso y apariencia de sus hijos, mientras que a veces se dan mensajes contradictorios acerca de la comida.
Para los adultos obesos, la investigación ha documentado que las personas que sufren la estigmatización de peso tienen mayores tasas de depresión, ansiedad, aislamiento social y un ajuste psicológico más débil.
El experto concluyó en que se debe comprender que la vulnerabilidad de cada persona a la obesidad es muy diferente, y en una sociedad, donde la comida con alta en calorías es tan abundante, todo el mundo es susceptible a desarrollar cierto grado de obesidad.
“La salud no se puede determinar con una sola mirada. Debemos comprender que todo el mundo merece la decencia común. Es muy importante resaltar que el odio a la obesidad nos afecta a todos, a todos los que vivimos en esta sociedad”, destacó.