Variedades

El placer de hacer el bien


¿Cuántas veces el ser humano deja de hacer una buena obra solamente porque desatiende ese llamado del corazón a ser sensible y permite que el egoísmo salga a flote?
La limpieza del cuerpo es insuficiente. Hay que limpiar la mente de todo pensamiento negativo y el corazón de todo sentimiento dañino.
Hacer el bien es menester porque servir al prójimo es nuestro deber como hijos de la CREACION DIVINA. Pero, hacerlo porque hay la convicción de que así tiene que ser, no por apariencias y para crear una imagen de bondad que es artificial. Dios lee los corazones y sabe cuándo la intención, el pensamiento, el deseo y la acción van de la mano y en qué proporción. Así mismo es capaz de ayudarnos a ser mejores cuando conoce de una intención verdadera de conducirse de la forma en que se quisera que se le tratase a uno.
Por el mero placer, la satisfacción intangible pero cálida que de ello se deriva, por eso, hagamos el bien. No hay mejor fortuna que la vida, la salud y la familia. Venimos sin vestimentas al mundo. De hecho las cosas intangibles producen más dicha digna de ser acumulada que la que genera la posesión material. Entonces, compartir, ayuda a ser realmente libres, a sentirse parte de la humanidad que se ayuda a construir y a superar estadios porque SON PROJIMO esos hombres, esas mujeres, esas niñas, esos niños, que parecieran desconocidos a nosotros pero que son nuestros HERMANOS Y HERMANAS.
Cuando en las meditaciones se sopese todo esto seguramente que la conclusión nos dará la razón: NO DEBE PESAR HACER EL BIEN. Si Dios nos da la mano a cada segundo, ¿porqué, entonces negarla al prójimo?


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35247
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América