¿La muerte quién no la teme? ¿Quién en su vida no ha sufrido la pena de ver partir a un ser querido a ese viaje sin regreso? Y luego reflexionar:
¿Yo, para qué vivo si tengo que morir?
La muerte bajo condiciones normales, es un evento universalmente lamentado en la experiencia humana. Para algunos interpretes de las Sagradas Escrituras esta es un fenómeno que no puede mirarse como totalmente natural, sino como un misterio que necesita explicación.
La respuesta que la escritura provee es que la participación del hombre en la transgresión de la voluntad de Dios y su ley ha traído como penalidad la muerte (Génesis 2:17). Esto no quiere decir que la muerte tanto en su medida como en su modo, esté directamente relacionada en cada caso a algún pecado personal.
La muerte en razón de su universalidad está relacionada como una consecuencia necesaria del pecado (Romanos 5:12-14).
Si definimos el fenómeno muerte desde la perspectiva biológica, esta se caracteriza por el cese de las correlaciones funcionales que aseguran el mantenimiento de las constantes químicas del medio interno. La detención del latido cardíaco o de la respiración, y el cese de la actividad del sistema nervioso.
Desde la perspectiva divina la muerte es la separación o exclusión eterna del hombre de la presencia de Dios: "...por cuanto todos pecaron están destituido de la gloria de Dios..." (Romanos 3:23).
La Biblia sostiene en el libro de Romanos Capítulo 6:23 que dice: "..la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro".
¿Porqué usted teme la muerte? Existen tres grandes conceptos con respecto a la vida y a la muerte, y que hoy le compartimos para que usted pueda reflexionar.
Un predicador francés, encargado del cuidado de cierta parroquia, hizo imprimir el siguiente cartelito que invitó fuese colgado en las paredes en el interior de los hogares.
"Comprended bien el valor de nuestras palabras": Un Dios ...que nos mira; a quien servís mal. Un momento...que os escapa; del que sacáis tan poco provecho. Una eternidad.. que os espera; a la cual dais tan poca importancia.
La muerte es temida por la humanidad porque sabe por instinto ( a nivel consciente como sub -consciente) que un día se tendrá que enfrentar con un Dios que miró su pecado, el cual le tendrá que juzgar. Teme la muerte porque sabe que su vida terrenal es breve, y nada en lo que se afana debajo del sol se podrá llevar. La teme porque sabe muy bien en su foro interno que posee un alma que es eterna y nunca veló por ella.
Por eso, hoy, cuando celebramos una vez más la memoria de la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo Jesús, queremos proyectar el poder de la resurrección en medio de una sociedad desenfrenada y muerta por el pecado.
Es cierto la muerte cautiva al hombre mientras viva. Pero la Biblia dice que "por cuantos los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo y librar a todos los que por el temor a la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbres (vicios, desviaciones, perversiones, maldad, malos sentimientos, corazón cruel e inhumano) (Hebreos 2:15). Porque mientras el hombre viva sin Dios, andará esclavo y siervo de sus delitos y pecados, lo que le traerá como consecuencia ese temor de morir.
Y cada día nuestra sociedad muere porque nos sumimos en una crisis de ausencia de valores, donde a lo malo llamamos bueno y a lo bueno llamamos malo.
Y eso es así porque el pecado reina para muerte pues el hombre vive obedeciendo constantemente sus deseos, pasiones y desenfrenos: "No reine, pues, el pecado en vuestros cuerpo mortal, de modo que lo obedezcais en sus concuspicencias" (Romanos 6:12).
Nuestra sociedad está plagada de muertos por doquier usted se meta; muertos que requieren experimentar el poder de la resurrección, productos de divorcios, hogares desintegrados, hijos descarriados ante la ausencia del amor de sus padres, deserciones escolares, delincuencia juvenil, bandas criminales, abortos, millones de hombres y mujeres atados por el vicio de la droga, el alcohol, los casinos, la loteria, la hípica (caballos), homosexulismo y lesbianismo, prostitución, prosmicuidad sexual, proxenestismo, homicidios y suicidios y otros actos que devienen de los deseos humanos de hacer siempre su voluntad y no la de Dios, tan trillada en el pan nuestro de cada día.
¿Y qué es la resurrección? El Espíritu Santo de Dios testifica, que es aquel poder que operó en Cristo Jesús para levantarlo de en medio de la muertos: "Porque no dejarás mi alma en el Sol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre".(Salmo 16:10-11)
Para que el mundo del siglo XXI, pueda experimentar el poder de la resurrección de Jesús, en todas sus coordenadas familiares, morales, psicológicas, académicas, política y financieras, se tiene que volver a
Dios: "El ocuparse de la carne es muerte, pero ocuparse del Espíritu es vida y paz, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.(Romanos 8:5)
La Biblia dice: Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Cristo
Jesús, está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos deudores somos, no de la carne, para que vivamos
conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios éstos son hijos de Dios, (Romanos 8: 10-14). Porque el que en mi cree, aunque esté muerto vivirá. y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Juan 11: 26).
Concluimos: Dios, quiere manifestar el poder de la resurrección en nuestras vidas, matrimonios, hogares, hijos e hijas, trabajos, comunidades, y país para que las cenizas del pecado y la muerte queden atrás y vivamos en el poder del Espíritu del Cristo Resucitado y por ende habite la paz en nuestra tierra.