¿Cuántos chico no recuerdan con bellas imágenes sus primeras aventuras amorosas? ¿O cuantos no recuerdan ese río de depresión en que se sumergieron, cuando su primer amor no funcionó?. Son bueno o malos recuerdo, pero la vida continúa y para todos hay una nueva oportunidad en esta vida.
El verdadero significado del primer amor se manifiesta en dos área importantes de nuestras vidas, sentimental y espiritual. Como cristianos, llegamos a experimentar el gozo del primer amor por parte de Dios, cuando llega a nosotros la salvación y como seres humanos, experimentamos el primer amor entre un hombre y una mujer.
Pero el primer amor no se limita a aquel que sentimos por primera vez en nuestra vida, es decir, no se trata de un orden cronológico en amores o sentimientos que van surgiendo en la vida de una persona.
Los primeros amores a veces llegan y se van. Como una etapa más por la que se atraviesa, nuestro primer noviazgo es luego superado y guardado en la memoria, como un recuerdo que nos brindó enseñanza, nos dio felicidad y tal vez, nos hizo llorar.
Por una u otra razón, hemos debido resignarlo o simplemente el amor se fue desvaneciendo, producto del desgaste de la relación y del mutuo conocimiento.
El compartir tiempo juntos e ir conociendo cada vez más al otro, es la prueba de amor más fuerte para que un noviazgo continúe. A medida que avanza la relación, nos podemos dar cuenta de que quien está a nuestro lado, es la persona con la que siempre soñamos, que es una persona con la que disfrutamos estar. Lo mismo le pasa al otro.
La psicóloga Ilda de Castillo nos comenta que el rompimiento de un noviazgo puede provocar reacciones negativas, que van desde una sencilla depresión, hasta la más profunda, dependiendo del tiempo y del tipo de relación. Además puede ocasionar pérdida de confianza en el sexo opuesto y desinterés por la vida en general.
Dichas depresiones se da de igual forma en ambos, hombre y mujer, pero el hombre está más acostumbrado a esconder sus emociones, debido a la sociedad machista; desde niño aprende de una manera muy equivocada que los hombres no lloran, y allí viene su dificultad de demostrar lo que siente.
Con el corre del tiempo, y las experiencias que atraviesan las personas a nivel individual, junto con las experiencias propias de la pareja, van determinando conductas que predeterminan otras. La superación de problemas juntos, por ejemplo, fortalece a las personas para que nuevos problemas puedan ser atravesados sin tanto traumatismo o con menos miedos.
Por el contrario, si los resultados de los problemas experimentados no resultan positivos, puede dar lugar a disgustos que con el tiempo crearán mayores brechas entre las dos personas.
A esto se le suma la maduración y el interés individual, que suele cambiar con facilidad con la llegada de los primeros amores, en la adolescencia. Resulta muy difícil a veces conservar la pareja mientras las ocupaciones, inquietudes o gustos van por carriles distintos.
Con las experiencias, ambos miembros de la pareja descubrirán si son el uno para el otro. El final más feliz se da cuando ambos coinciden en su hallazgo. Según la doctora Castillo, muchas personas tienden a comparar a su pareja actual con su primer amor, justamente por las huellas que esa primera persona dejó en su corazón.