El problema pues, no radica allí, en lo material; más bien se ubica en lo que podríamos denominar "la subcultura del conductor panameño". Subcultura ésta con muy interesantes características, pues incluye a miembros de todos los estratos económico sociales del país, de todos los niveles educativos, de todos los grupos de edad y de ambos sexos que comparten una ideología que pareciera caracterizarse por la frustración y baja autoestima lo que se expresa en conductas como:
la necesidad de rebasar a cuanto vehículo encuentran en su paso;
la necesidad de llamar la atención conduciendo a altas velocidades, no respetando el cambio de luces en los semáforos; acelerando frente a las luces amarillas para luego, frenar ruidosamente al momento en que la luz se torna roja;
cuando en otros países del mundo los conductores detienen sus vehículos para permitir el paso de niños, ancianos, minusválidos, mujeres grávidas, en Panamá, todo peatón que logra cruzar una avenida debe dar gracias a Dios por continuar con vida. Pareciera que los conductores se sienten superiores a los viandantes, ¿será que ellos jamás caminan, nunca atraviesan una calle? ¿será que forman parte del vehículo y por ello, no son humanos?
Pero, si los conductores parecen odiar a los peatones, su aversión hacia los otros conductores es aún mayor: todo el que conduce un vehículo es, o la competencia o el enemigo de los otros conductores. Por ello, no hay cortesía en el manejo, por ello la consigna es "No, tú jamás pasarás antes que yo, no importa que mi vehículo deba detenerse un metro más adelante".
Da la impresión de que existe una estratificación social de los vehículos y reglas precisas para quienes los conducen, así: se debe evitar a toda costa a los diablos rojos, los diablos amarillos (vehículos escolares), a los taxis, por la simple razón de que circulan como si el demonio habitara en sus motores. La competencia entre miembros de este estrato vehicular (diablos rojos, diablos amarillos y taxis) no lo es sólo por ganar un pasajero; lo importante para el conductor es "ganar la carrera" - léase ganar la competencia - Pero ¿y qué decir de los pasajeros de dichos vehículos? En general, éstos llegan a identificarse con su conductor: el vehículo en el que él viaja debe ganar la carrera y así, animan al conductor a pisar más el acelerador. El ganar la carrera los hará sentirse superiores.
Otro estrato vehicular que es necesario evitar está integrado por los Mercedes, Volvos, BMW, Jaguar, etc, pero por razones distintas a las señaladas en el estrato citado: en este caso, lo que prima es un respeto por los altos costos de las refacciones de tales autos y, como los conductores de los mismos conocen lo anterior, circulan exigiendo en cada vuelta de ruedas el respeto de todos los que no forman parte de su estrato.
En otro nivel de importancia se ubican los "cuatro por cuatro", éstos, por supuesto exigen el respeto de los modelos compactos, de los autitos que el conductor del cuatro por cuatro ve, desde su altura, como pequeños insectos que deambulan por las vías. Por supuesto, ello no incluye a los Mercedes y sus similares. Los cuatro por cuatro, casi siempre son solidarios entre ellos: así se ceden el paso mutuamente con gestos amables y elegantes y cierran, entre sí, el paso a los autitos.
El estrato de los motorizados es otro al que hay que evitar constantemente pues nunca se sabe cuándo ni por dónde te rebasarán, lo más corriente es que nunca los veas hasta que están sobre tu auto.
Los carros oficiales parecen ser más que un estrato, una casta que se asume privilegiada, pues, al entender de sus pasajeros, ellos son los que más trabajan y ergo, deben tener vía libre en cuanto asoman.
Para completar el panorama hay que añadir un estrato híbrido integrado por semi - vehículos como bicicletas adosadas a envases para cargar chichas, empanadas, etc; carritos que, para el mismo fin, son empujados por fuerza humana y otras modalidades - aquí pueden incluirse las chatarras - éste es el estrato más maltratado: todos los otros les niegan identidad vehicular y por ello, están expuestos a la embestida por parte de cualesquiera de los otros estratos.
111Los elementos esenciales de la subcultura del conductor panameño son: ir en contra de las normas elementales del tránsito, ser sordo, daltónico y neurótico. En tanto que los peatones son suicidas potenciales y, la Policía de Tránsito, en lugar de ser el árbitro, parece más bien un observador de un juego de fútbol.
Y, en todo este desconcierto en que los panameños deben conducir, evitando a todos los demás vehículos, surge la ilusión de que alguien ponga orden al caos: el policía de tránsito que, como ser humano que es, hará que los estratos vehiculares se comporten como deben. Una pregunta surge al pensar en la policía de tránsito y es: ¿uno de los requisitos para ser policía de tránsito es saber conducir? Esta pregunta surge porque en ocasiones pareciera que el policía de tránsito no sabe calcular la velocidad y la distancia de un vehículo cuando, intempestivamente, decide que éste debe detenerse, llegando incluso a ocasionar colisiones que él mismo sancionará con boletas.
Y, ¿qué hacer con los peatones? Estos atraviesan las vías como si jugaran con la muerte: no les importa el color de la luz en el semáforo, no usan las líneas de seguridad ni los puentes peatonales y cruzan las calles como si estuvieran caminando por la sala de su casa.
En fin, que los elementos esenciales de la subcultura del conductor panameño son: ir en contra de las normas elementales del tránsito, ser sordo, daltónico y neurótico. En tanto que los peatones son suicidas potenciales y, la Policía de Tránsito, en lugar de ser el árbitro, parece más bien un observador de un juego de fútbol.