Variedades

El renacer de una pasión turística


El éxito del monte Saint-Michel o del Arco de Triunfo los eclipsa, pero existen muchos otros lugares que, aún siendo menos conocidos, también atraen a visitantes deseosos de diversificar su visión de las riquezas del patrimonio. La vuelta a Francia a través de talleres tradicionales, castillos, casas de artistas o emplazamientos industriales resulta apasionante.
Es una hazaña trabajar al revés? No tanto, ya que Jeanine lleva veintitrés años mirando en un espejo para comprobar la exactitud de los hilos de colores que entrecruza continuamente en su inmenso telar. Como todos los artesanos que tejen con lizo alto, es decir, con hilos de lana tensados verticalmente entre dos enormes cilindros de madera que se manejan según avanza el trabajo.
Los tapices realizados en la manufactura de los Gobelinos, en pleno centro de París, dan fe de una habilidad de cuatro siglos. Tras las austeras fachadas de un edificio ante el cual pasan sin verlo la mayoría de los parisienses, esta técnica perdura desde el reino de Luis XIV.
Frente a los grandes ventanales, de espaldas al dibujo que le sirve de modelo, Jeanine está terminando un encargo de prestigio. La pieza mide más de 21 metros cuadrados y ha tardado cuatro años en acabarla. Forma parte de una serie de diez paneles que cuentan, como un gran tebeo en petit point, la historia de Dinamarca y se empezó en el taller de los Gobelinos hace diez años. Tras exponerse en París a finales de 1999, será entregada a los soberanos del país nórdico a principios del año 2000. Y sobre todo, esta obra imponente pondrá en el candelero este patrimonio artesano al servicio de los más bellos encargos del estado.
UN CAMPO DE DESCUBRIMIENTOS
Esta tarde, sólo una decana de curiosos realiza la visita organizada para descubrir estas construcciones de otra época y a sus ocupantes. Pero su fascinación ante la habilidad de los artesanos revela el interés del público por estas tradiciones mantenidas de generación en generación. Este paseo casi confidencial no tiene casi nada en común con el millón de visitantes que se precipitan cada año a lo alto del Arco de Triunfo.
Las estadísticas del turismo en Francia hablan por si solas (66,8 millones de visitantes en 1997, el 40% de los cuales dice estar cautivado por la cultura francesa) y se sabe que los monumentos nacionales son en gran medida responsables de esta pasión. Pero no todos tienen el mismo atractivo turístico. Los grandes clásicos -la abadía del monte Saint-Michel (en Normandía), el palacio de Chambord (región del Loira), la Sainte-Chapelle y el Arco de Triunfo en París- monopolizaron en 1997 a más de 3,5 millones de visitantes.
Veinte de los 112 edificios que gestiona la Caja Nacional de Monumentos y Lugares Históricos (CNHMS) suman el 85% de las visitas. Una disparidad que pone de relieve la dificultad que supone dar vida a los lugares históricos apartados de los circuitos turísticos tradicionales.
"Quitando algunos monumentos emblemáticos, queda mucho por hacer para que los turistas escojan destinos menos conocidos", constata Bertrand-Pierre Galey, director de la CNMHS. "El patrimonio tiene que seguir siendo un elemento civilizador. Nuestro deber es luchar contra la tendencia al turismo vacío e impulsar a la gente a hacer otras visitas".
EN BUSCA DEL SIGLO XX
La solución es apoyarse en las técnicas clásicas del marketing y aprovechar el creciente interés por el turismo industrial o técnico, en boga desde mediados de los años 80, para canalizar a ese mismo público hacia lugares históricos. La colaboración en Provins (al este de París), donde se visita el castillo después de las fábricas de Electricité de France, aplica la misma receta ganadora que el palacio de la Bénedictine en Fécamp (Normandía). Allí, la visita combinada del museo de arte antiguo, con su arquitectura gótico-renacentista, y de los grandes alambiques de cobre de la destilería que fabrica el célebre licor de plantas atrae a 155.000 visitantes al año. Esta fórmula insólita, que alía el arte y la técnica, ha convertido a este lugar en uno de los centros industriales más visitados de Francia.
La curiosidad por el patrimonio económico corre pareja con la pasión en aumento por el siglo XX. Es cierto que resulta sorprendente descubrir, en medio de un jardín francés y de una terraza a la sombra de las cimas alpinas del valle del Romanche, la arquitectura típica de los años 20 de una central hidroeléctrica, que sigue funcionando, construida en 1918 por el ingeniero visionario Charles Albert Keller. También es cierto que la memoria del norte de Francia no puede concebirse sin la conservación de algunas de las minas de las que se extrajo hulla durante más de ciento cincuenta años. Y que la Casa del Pueblo de Saint-Claude, ideada en 1900 por el arquitecto Charles Meunier como un conjunto que comprendía las unidades de fabricación de pipas así como alojamientos, tiendas, una escuela y un cine, representa un testimonio de estos movimientos cooperativistas sindicalistas y obreros de principios de siglo.
"La demanda de nuevos patrimonios es constante", reconoce Bernard Toullier, conservador del Inventario Genera, quien señala que "después de las piscinas, los teatros y las fábricas, lo que está ahora cada vez más de moda son los aeropuertos como el de Le Bourget". Este interés muy mediatizado no debe sin embargo hacernos olvidar el encanto de las construcciones de los siglos pasados, cargadas de historia, de arte y de literatura. Qué placer procura pasearse por la campiña del Drome, siguiendo los pasos de la marquesa de Sévigné y descubrir el espléndido palacio renacentista de Grignan donde tan a menudo fue a ver a su hija. Y qué delicioso es descubrir la ternura romántica de la morada de la novelista George Sand, escondida en lo más profundo del Berry. O impregnarse de la poesía de Pierre de Ronsard en el modesto castillo de Telsy antes de iniciarse en los secretos de su huerta entre los nueve metros cuadrados artísticamente plantados de verduras y frutales en el sorprendente jardín de Villandry (región Centro), que cada año visitan más de 350.000 apasionados del jardín.
RECREAR ESPACIOS DE VIDA
Pero no se puede reanimar todas estas pequeñas maravillas sin acondicionarlas. Hasta hace poco, parecía un lujo poder aparcar, sentarse en un cómodo sillón o ir a los servicios. "Durante mucho tiempo, se consideró al visitante casi como a un intruso", se indigna Christian Assenté, jefe del departamento de turismo de la Agencia Francesa de Ingeniería Turística (AFIT).
En 1995, el estado, representado por la CNMHS, firmó una carta comprometiéndose a garantizar visitas de calidad en los lugares que gestiona. Desde entonces los monumentos han despertado, gracias a intervenciones musicales, artesanas o literarias que los animan o dan una nueva imagen de ellos. Es el caso del castillo de Oiron (Poitou-Charentes), que se inscribe en la tradición de los gabinetes de curiosidades del Renacimiento. Se trata esta vez de obras realizadas por artistas contemporáneos cuyo camino hacia el conocimiento pasa por los sentidos -gusto, olfato, vista, tacto y oído. Paredes de cera, sonidos musicales y juegos visuales crean un recorrido lleno de sorpresas en la antigua mansión donde viviera Madame de Montespan, amante de Luis XIV.
El estado adoptó el mismo planteamiento al decidir instalar, en diciembre de 1998, doce esculturas de artistas del siglo XX en las avenidas del jardín de las Tullerías de París. Invitando a Giacometti, Max Ernst, Germaine Richer, Dubuffet y a David Smith a compartir el terreno con obras de los siglos XVII,XVIII y XIX y con las desbordantes mujeres de Maillol, que André Malraux impuso a principios de los años sesenta, se ha apostado por hacer del patrimonio una puerta que se abre ante el porvenir.
"Debemos sensibilizar la mirada mostrando que una calle o un lugar se componen de una multitud de influencias y de elementos añadidos a lo largo de los siglos", explica Marie-José Carroy Bourlet, responsable de la misión de difusión cultural de la dirección del Patrimonio y de la Arquitectura al explicar la función de las visitas organizadas en el marco de las Ciudades y Países de arte y de historia. Si uno se toma la molestia de salir de los caminos trillados y de mirar alrededor, la lección resulta evidente. Por lo tanto, en marcha...


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América