No sé si te ha pasado que tienes una mala noche, en la que, por más ovejas que cuentes, por más música relajante que pongas y por más vueltas que des en la cama, no logras conciliar el sueño.
¿El resultado? Al día siguiente te sientes como si te hubieras golpeado contra muchos árboles, estás con unas ojeras que no te lucen nada bien, comienzas a cabecear en contra de tu voluntad y no te puedes concentrar.
Si allí terminara todo no sería nada, pero lo peor es que andas con un humor de perros, que nadie te aguanta en la oficina.
Los conocedores recomiendan tomarse todo el tiempo del mundo en elegir un buen colchón, ir a la cama a la misma hora todos los días, dormir en una habitación bien ventilada, beber un vaso de leche tibia y evitar comidas pesadas, discusiones o preocupaciones antes de acostarse.