En la inmensidad del Golfo de Panamá, uno de los mares más ricos de Mesoamérica, una gran sombra se desplaza. Avanza a ras de la superficie alimentándose con su gran boca entreabierta, en el archipiélago de Las Perlas. Es el pez más grande del mundo: el tiburón ballena.
Con una longitud mayor que un "diablo rojo", una piel más gruesa que la de un elefante y un peso cercano a 30 camionetas, esta mole inofensiva es una suerte de ecosistema móvil que migra, rodeado de peces, por los mares templados del planeta. Gracias a tecnología satelital implantada en sus cuerpos, se sabe que pueden recorrer 13.000 Km. desde Centroamérica hasta Oceanía.
Sabemos también que se alimenta de plancton, pequeños peces y organismos que filtran, al igual que las ballenas, lo que lo hace inofensivo para el ser humano. Incansablemente, durante su recorrido, va absorbiendo y expulsando más de 2,000 toneladas de agua por hora.
Pero, ¿cuánto exactamente vive el pez más grande del mundo? Muchas especies de tiburones viven hasta los cien años y son maduros sexualmente a los 20 años de edad. Por su parte, el tiburón ballena madura sexualmente a los 30 años, representando un quinto de su existencia. Por lo tanto, se especula que estos colosos podrían llegar a vivir hasta 150 años o más. Pero estas son sólo conjeturas aún no comprobadas y muchas son las interrogantes acerca de sus hábitos por resolver.
Como vivíparo, se piensa que los pequeños se desarrollan en huevos que permanecen dentro de la madre hasta eclosionar. Al nacer, tan sólo miden 50 centímetros y, por lo tanto, son vulnerables a los depredadores naturales y a las redes de arrastre y a los trasmallos que atentan contra su supervivencia y también en contra de un lucrativo negocio ecoturístico que convoca a cientos de submarinistas alrededor de este dócil gigante.
Es que ver un tiburón ballena para un buzo, es como para un montañista subir al Monte Everest y a Panamá no llegan pocos, sino cientos.
Este es un negocio millonario para el país si consideramos que sólo los buzos de Estados Unidos gastan anualmente alrededor de 1,4 billones de dólares en esta actividad saludable y sostenible.
Sin lugar a dudas, otro de los tantos tesoros naturales panameños que habrá que conservar.
UN GIGANTE VULNERABLE
Muchos tiburones ballena son convertidos en alimento, cremas hidratantes y vitaminas. Sus poblaciones han sido golpeadas dramáticamente. Durante la XII reunión de la CITES, organismo que regula el tráfico de especies, India y Filipinas han propuesto que el tiburón ballena ingrese en el Apéndice II, que regula el comercio de especies animales y vegetales. Dichos países sugieren que las técnicas de ADN sirvan para identificar su carne y sus cartílagos, para detener así el comercio internacional.