Cuando estaba estudiando Cocina en Canadá pasé muchas noches en vela y no precisamente por estar de fiesta, le atribuyo estas horas de desvelo a varias razones, entre otras, a que por primera vez pasaban por mi mente interrogantes como ¿Qué iba a ser de mi vida profesional y personal por los siguientes años?
¿En qué manera iba a lograr mi sustento una vez finalizara los estudios? ¿Sería la carrera de chef suficiente para darme la vida que imaginaba? ¿Hacia dónde me llevarían las decisiones tomadas en los últimos años? En resumidas palabras, estaba enfrentando por primera vez lo que significa ser adulto, con todas las responsabilidades, temores, retos y libertades.
Creo que además sentía una enorme presión porque estaba en ese momento haciendo algo que realmente me apasionaba, y la idea de no ser excelente o peor aún, de fracasar, me atormentaba y contribuía a dejarme con los ojos bien abiertos y retozando en la cama por horas. Creo que pareceré un poco neurótica (lo que quizás no está tan alejado de la realidad), pero pienso que es común para muchos enfrentar esos temores en una etapa tan determinante como es el inicio de la vida profesional.
Pero las noches de desvelo resultaron ser también de las más productivas que he experimentado, incluso mucho tiempo después lo siguen siendo. Por alguna razón, todas las mejores ideas de platos y presentaciones de alimentos se me ocurrían y se me siguen ocurriendo a altas horas de la madrugada, en esos momentos cuando no puedo pegar el ojo.
Mientras estudiaba, siempre cuestioné mi capacidad creativa, creo que porque al no tener una exposición a ingredientes tan variada como la de mis compañeros canadienses me costaba mucho más llevar las ideas a la realidad y empecé a menospreciar un poco mi habilidad de crear.
Con el tiempo fui entendiendo que sí tenía esta capacidad y a medida que fui ampliando mi conocimiento, el crear recetas se me hizo más fácil, entendí que el proceso creativo en la cocina implica muchos aspectos, constantemente hay que buscar inspiración en libros, revistas y fotografías, entre otros. Además hay que salir y probar cocinas de otros chefs, ver la comida desde la perspectiva de profesionales quienes la aman tanto como tú, y si está dentro de las posibilidades, viajar y conocer ingredientes y técnicas de otras culturas para ampliar nuestra visión.
Este proceso nos va desarrollando un instinto que nos permite descubrir qué funciona realmente al momento de cocinar.
Mi colección de libros de cocina se ha multiplicado con los años y ahora con el internet, instagram, pinterest, etc., es común desvelarme y perderme por horas (esta vez intencionalmente) dentro del fascinante mundo culinario.
Los exhorto a que nunca dejen de buscar inspiración y a que no tengan miedo de crear, ya que los resultados podrían sorprenderlos…