El amigable vecino ha regresado. Peter Parker, conocido como el Hombre Araña, la creación de Stan Lee y Steve Ditko, vuelve a las calles de Nueva York para detener el crimen, en la secuela de la relectura que el realizador Marc Webb hizo sobre el exitoso superhéroe.
Esta vez, Peter se debe enfrentar a Electro/Max Dillon, un ingeniero de la empresa Oscorp, quien realiza experimentos con anguilas, y que tras un accidente, se convierte en un hombre que se alimenta de electricidad, aterrorizando Nueva York en pos de vengarse del Hombre Araña… por no querer ser su amigo.
Sí, el villano de turno no pretende apoderarse de la Tierra o ganar dinero. Es un hombre solitario, recluido, que solo quiere que la gente lo quiera.
Por suerte, no es la única trama de esta secuela, que se centra en las relaciones padre-hijos. Por un lado, Peter intenta comprender el destino de su padre y reconciliarse con su pasado. Por otro, aparece Harry Osborn, antiguo compañero de Peter, quien debe afrontar la muerte de su padre, el magnate Norman Osborn, debido a una enfermedad congénita que también le está afectando a él, -¿duenditis? –, la única cura podría ser el veneno que ha infectado al joven Peter con el gen arácnido, lo que posibilitaría la reconstrucción del tejido. ¿Parece mucho?