Los cambios internos a menudo se traducen en cambios externos, y viceversa. Parece el caso de la infanta Elena, que vuelve a sonreír, a sentirse bien, y se le nota.
Se ha descubierto al mundo, en su última aparición pública, como una mujer nueva por dentro y por fuera: feliz y guapa. La catarsis personal de la Infanta se ha dejado sentir en su imagen con efectos visibles, que pasan por un maquillaje más sofisticado y peinados más juveniles que los habituales -la acostumbrada trenza o el encorsetado recogido-.
La infanta Elena optó, de hecho, por soltarse la melena para el acto inaugural de la exposición Caminos de Guadalupe-Guadalupe en Madrid, que presidió en la Capilla del Palacio Real.