Elizabeth Taylor, una de las estrellas más glamorosas que ha tenido Hollywood, cumple 67 años hoy,
prácticamente retirada de la pantalla después de una delicada operación cerebral.
Liz, como se le conoce popularmente, nació en Londres el 27 de febrero de 1932 en un hogar de padres estadounidenses que hacía largo tiempo que vivían en Inglaterra.
La familia regresó a Norteamérica en 1939, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial y después de que Liz había demostrado inclinaciones hacia el arte, tomando clases de ballet desde que pudo pararse sobre sus pies.
Los Taylor se establecieron en Los Angeles, donde su hija extraordinariamente bella fue descubierta por un agente a los 10 años, haciendo su debut en la pantalla en 1942 en la comedia de Universal, "There"s One Born Every Minute" (Nace uno cada minuto).
Al año siguiente firmó contrato exclusivo con la Metro Goldwyn Meyer, con los que permanecería hasta principios de la década de 1960.
"En la década que siguió, se desarrolló, pasando de una linda estrella infantil a, en la opinión de muchos, la mujer más bella del mundo, y una de las más populares figuras de la pantalla de todos los tiempos", de acuerdo con La Enciclopedia del Cine de Ephraim Katz.
Haciendo un balance de su larga trayectoria cinematográfica, la conclusión es que su tumultuosa vida personal y su extraordinaria belleza han contribuido más a su fama que su calidad como actriz.
Su imagen como la chica pura de ojos color violeta que veía el público cambió más tarde por una serie interminable de artículos sobre sus ocho matrimonios, sus joyas, sus problemas de peso, drogas y alcohol, y ahora su operación cerebral.
El reconocimiento como actriz le llegó cerca de los 40 años, cuando ganó dos premios Oscar: el primero en 1960 por su papel como prostituta en "Butterfield 8" y el segundo en 1967, cuando representó a la esposa alcohólica y procaz en "?Quién le tiene miedo al lobo?".
Pero hasta sus papeles más aclamados del cine palidecen en comparación con su dolorosa realidad. Enviudó una vez y se divorció siete veces, y entró y salió de hospitales combatiendo enfermedades graves, lesiones y dependencia del alcohol y las drogas.
Taylor fue cortejada por una serie de hombre ricos, famosos y poderosos, pero su relación con Richard Burton, otra estrella de temperamenteo volátil, figuró entre los más tempestuosos de su vida.
Se casaron dos veces, las que terminaron en divorcios, mientras la prensa sensacionalista documentaba cada uno de sus pasos de su relación amor-odio. Además, trabajaron en muchas películas, a menudo como marido y mujer, creando una leyenda juntos.