Variedades

Ellas son como agua y aceite


Una cosa es chatear todo el día, ir de compras al mall, a bailar, a almorzar o cenar y hasta reunirse para recordar viejos tiempos, matar el tiempo hablando de cualquier cosa (hasta de los demás) y otra es ver a alguien radicalmente opuesto a ti hasta en la sopa.

Eso les paso a un par de amigas que se llevaban súper bien, hasta que descubrieron que, después de todo, “es bueno el culantro, pero, no tanto”.

 

Por salir de buena samaritana fue que Olive vivió esa experiencia.

Inicialmente todo iba sobre ruedas, hasta que, descubrió que una nunca termina de conocer a las personas. Y, a veces, lo que descubrimos acerca de su personalidad en vez de acercarnos nos distancia.

 

Bueno, no es que Olive fuera una santa. Lejos estaba de ello. Pero, tenía buen corazón, y no hay como la empatía. Eso la hizo ofrecerse a brindarle hospedaje temporal a su amiga Florence, que pasaba por un momento de tribulación.

Cuando el amor acaba sólo queda recoger los jirones del resquebrajado corazón, lo cual no es tarea agradable ni fácil.

 

¡Y qué bien que se siente contar con manos amigas!

Que catorce años de “feliz” matrimonio se derrumben con tantos sueños y planes, como un castillo de naipes, en un abrir y cerrar de ojos, puede llevar a cualquiera a la locura. O a la depresión, si acaso no es que al suicidio.

 

Temiendo que ocurriese lo peor, fue que Olive salió al rescate de la atribulada Florence.

En buena hora, pensaron las amigas de ambas:: Reneé (Tania Hyman), Mickey (Fabiola Sánchez), Vera (Ivette Cordovez, Silvia (Sara Macías). No sabían lo equivocadas que estaban.

Por años las seis habían compartido momentos felices durante las reuniones semanales del grupo de amigas para jugar Trivial Pursuit.

Pero, de allí a convivir hay una gran diferencia, como del día a la noche. Descubrirlo fue asunto de horas, ya que no bien la sufrida Florence llegó al apartamento de Olive donde se celebraban las reuniones del grupo y fue acompañada en su pérdida y acogida por Olive y empezaron a darse cuenta de que no tenían mucho en común.

Es que, “no hay que confundir la velocidad con el atropello”, como se dice en buen panameño. Y, eso fue lo que le pasó a la buena, sumisa, organizada, trabajadora y obsesionada con la limpieza y el orden, la abandonada Florence.

Ella, para “curar” su mal de amor y evitar caer en la depresión, pretendió, de la noche a la mañana, transformar a Olive, quien vivía en corredera y acostumbrada a la privacidad, a dejar todo tirado por todas partes, como la culebra cuando muda de piel. Sin reglas. Sin “perro que le ladre”.

Lo que pareció empezar bien, se fue convirtiendo en un calvario para Olive, quien perdió la paciencia. Pero, por suerte, como caídos del cielo, llegaron a la vida de las dos amigas unos vecinos italianos, Carmelo y Cirilo.

Ría con esta obra que se presenta en el Teatro en Círculo y analice si realmente conoce a su familia y amigos y los acepta con sus virtudes y defectos, sin pretender cambiarlo y hacerlos una copia suya.


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740849
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América