Es muy común mofarse de otros, ponerles motes o apodos, ridiculizarles y hacerles sentir mal. La psicoterapeuta Lizeyca Villamil aconseja qué hacer para prevenir, eliminar o reducir estas conductas.
En un mundo donde en las oficinas y otros centros de trabajo, en la calle, entre políticos, en la familia y otros escenarios es costumbre burlarse de los demás y buscarle los defectos, en vez de resaltar sus virtudes, no es de sorprender que los niños, quienes imitan lo que ven, lo acepten como normal. Hay que explicarles que está mal y para que entiendan mejor el significado de conceptos como tolerancia, comprensión, solidaridad y empatía, se les debe hablar con ejemplos, para que sea más vívido.
Hay que hablarles de la autoestima y lo importante que es cuidar la propia y la de lso demás; decirles que es muy frágil, como un vidrio que cuando se rompe es difícil volver a poner los pedacitos juntos; además, preguntarles cómo se sentirían si alguien les pusiera motes ridículos o se burlara de sus fallas, si tuvieran una discapacidad y los miraran de manera penetrante, burlesca o con lástima.
Lo más seguro es que mencionarán sentimientos o estados de ánimos como: tristeza, vergüenza, dolor, humillación, impotencia, temor, ira....
Al ponerse en el lugar del otro, al expresar sus sentimientos ante una situación (real o hipotética), sabrán lo que es empatía.
Para la tolerancia, se puede recurrir a hablar de las diferencias individuales, culturales, etc., hacer énfasis en que cada uno es único y especial y de que así como hay diferencias hay similitudes; por otro lado, decirles que la contraparte de los defectos o desventajas son las virtudes y talentos.
A la par, es bueno recordarles que todo el mundo se equivoca y que aceptar los errores, aprender de ellos y enmendarlos, es demostración de sabiduría.