Los visitantes de la pasada Feria del Libro pudieron contemplar en una de las paredes del Salón Las Islas de ATLAPA una serie de dibujos en carboncillo sobre papel que inmediatamente llamaban la atención por su evidente inspiración gótica.
En una mesa situada frente a las obras, en medio de unos bosquejos se podía encontrar una hoja de papel con el siguiente mensaje: "Me fui para la conferencia... Cuidado, mi espíritu anda cerca". A pesar de su carácter extrovertido y un tanto excéntrico, Radamés Pinzón es un lúcido talento nacional, que sabe exactamente hacia dónde quiere llegar como artista, aunque reconoce que arribar a ese destino le tomará tal vez varias décadas.
En realidad, esta claridad de propósito es algo inusual para un joven creador de 28 años de edad. Pero es que a pesar de su juventud Pinzón ya cuenta con un experiencia de varios años dentro de la escena artística panameña.
Su primera exposición tuvo lugar en 1996 en su tierra natal Coclé, seguida de una en el antiguo Aleph Café en el año de 1997, y otra en la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI) en 1998. Más recientemente ha expuesto en la Galería de la Plaza de Francia y en el Museo de Arte Contemporáneo.
Si bien las primeras obras de Pinzón se caracterizaban por presentar un clara influencia gótica y renacentista, con castillos colapsando en el fondo, personajes arqueados de pavor o angustia, y seres monstruosos, su trabajo en la actualidad ha ido evolucionando para incluir elementos autóctonos, incluso algunos extraídos del folclor nacional.
Es así que en sus composiciones más recientes se pueden apreciar, junto a los consabidos elementos góticos, representaciones de guacas y montunos, así como deformaciones surrealistas de algunas de las calles más conocidas de San Felipe.
No se trata de un evolución nacida del azar si no de una transición muy consciente por parte del artista, una que lo ha llevado de Nietzsche y Rimbaud, en cuya literatura estaban inspirados sus primeros dibujos, a las composiciones más accesibles de artistas como Jaime Sabines y Fernando Delgadillo.
De estos últimos ha aprendido a "cómo estar fuera de la obra y no adentro". Esto le enseñó a no ofrecer una "versión tan personalizada de las cosas", limitándose a ser un observador que se queda en una esquina interpretando la escena en silencio.
Además de Delgadillo y Sabines, otras influencias que han renovado su arte son los pintores Vicente Hernández, Wilfredo Lam y Oswaldo Guayasamín. Tuvo la oportunidad de apreciar los cuadros de este último durante un viaje que realizó a la Habana, Cuba, en el 2001.
Se trata de un intento deliberado del dibujante por contextualizar su arte, por enmarcarlo dentro de una realidad que se acerque más a sus raíces coclesanas, y panameñas en general, y que se distancie un poco de los "lenguajes de tipo europeo" que predominaban en sus primeros trabajos.
Más que una nueva orientación artística, este giro en las temáticas abordadas por Pinzón nace de una toma de consciencia de que "los pueblos que no tienen una evaluación histórica clara son muy débiles ya que no tienen de dónde amarse".