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En el "Día Mundial de la Alimentación"


Cada año, el "Día Mundial de la Alimentación", trae a la mente un triste recuerdo: millones de personas en el mundo no tienen lo suficiente para alimentarse. Y en el año 1999, esta conmemoración también nos hace recordar que pese a los avances tecnológicos conseguidos en este siglo de enorme progreso, no hemos sido capaces de erradicar el hambre. No podemos dejar de pensar que hubiéramos sido capaces de alcanzar este último objetivo si realmente lo hubiéramos asumido como una máxima prioridad.
Cerca de 830 millones de personas padecen hambre actualmente como consecuencia de los shocks económicos, de los conflictos, de los desastres naturales y la profundización de la pobreza. Son particularmente aterrados las estadísticas sobre el hambre que padecen los niños. Cerca de 192 millones de niños menores de cinco años padecen deficiencia de calorías y de proteínas.
Cada día mueren 11,000 de estos niños y el hambre es un factor significativo de estas muertes. Esto arroja un promedio de un niño que muere cada ocho segundos por falta de comida.
Los niños y por cierto, los sectores de sociedades enteras pagan el costo de la alimentación insuficiente de muchas otras maneras. Los niños desnutridos no tendrán una segunda oportunidad, debido a que una buena alimentación posterior no puede compensar los daños físicos y mentales provocados en los años tempranos de la infancia.
Asimismo, la educación se resiente cuando la alimentación es escasa debido a que los niños -la mayoría de ellos mujeres- no pueden concurrir a la escuela, o si pueden hacerlo no logran aprender adecuadamente si tienen el estómago vacío. La falta de educación combinada con un mal estado de salud hace que estas personas tengan menos posibilidades de hacer contribuciones al desarrollo de sus comunidades.
Erradicar el hambre es el primer paso en la lucha contra la pobreza. Pero los pobres están atrapados en una trampa de hambre, sin la posibilidad de dar los pasos que los llevarían a construir un futuro mejor. Millones de personas hacen frente a sus necesidades inmediatas de alimentos a través de soluciones que ponen en riesgo su seguridad alimentaria a largo plazo. Las familias que luchan contra el hambre, en la mayoría de los casos, no tienen la posibilidad de preservar los pocos bienes que poseen y mucho menos pueden adquirir nuevos bienes.
Es evidente que el desarrollo que no promueve la seguridad alimentaria para todas las personas posee bases de sustentación débiles. En este "Día Mundial de la Alimentación" debemos recordar que alimentar a los niños hambrientos no es solamente una obligación moral, sino también una inversión necesaria para lograr el desarrollo de los países.
Podemos quebrar el ciclo de hambre y pobreza si tenemos la voluntad de hacerlo. Probémonos a nosotros mismos que somos capaces de hacerlo. Asegurémonos que en el futuro ningún día del año sea el "Día sin Comida" para algún habitante del mundo.


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70230
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América