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En Navidad contemos las bendiciones


¿Cuál sería la mayor tragedia del mundo? Que murieran el amor, la esperanza, solidaridad, paz, alegría, justicia y hermandad. Que la gente dejara de soñar. Que las espinas superaran a las rosas en el huerto de la vida. Que una noche eterna habitara en el corazón de la humanidad.
Es la hora de la Navidad, para que el corazón salte de gozo en la conquista de la dicha inmensurable del placer de dar., para que chicos y grandes entonen al unísono en un melodioso coro cánticos y alabanzas a Dios, llenas de gratitud y esperanzas.
Otra vez la Navidad toca a las puertas de la casa común de la humanidad, para que bondad, tolerancia, paz, fraternidad e igualdad no sean palabrs huecas y encuentren eco. Para que resuene en todos los oídos música celestial. Para que el ropaje que vistamos mujeres y hombres sea el de la humildad.
Es Navidad tiempo de compartir, de dejar que se refugie en nosotros el desvalido, el que menos tiene, quien ha perdido la risa, aquél cuyas lágrimas anegan su rostro. Aquel para quien el hambre nutricia y afectiva son como dos caras de la misma moneda con que la sociedad les ha pagado: injusticia.
Navidad es época en que como en primavera los campos se visten de vida, colorido y alegran la vista y el espíritu, en los hijos y las hijas de Dios suele aflorar la bondad intrínseca. En que la misericordia halla hospedaje fácil en cada uno/a. Así, hasta quienes hacen honor a la terrible frase de que "el hombre es el lobo del hombre", logran vencer muchas de sus flaquezas y mirar más allá del Yo gigantesco que los empequeñece.
Navidad es también cuando, por unos días, quienes alimentan el conflicto y viven los estragos de la guerra, hacen una tregua.
Para muchos, por fortuna, Navidad no tiene fecha especial en el calendario porque su vida es un constante servicio a los demás. Porque ellos no condicionan el amor. Porque están llenos del espíritu de solidaridad y no escatiman esfuerzos, tiempo y atenciones hacia el prójimo. Porque su afán principal es agradar a Dios cumpliendo sus mandatos.
Como un faro que alumbra a la humanidad y siembra en el corazón hermosos sentimientos, así, con su magnificencia, día a día, no sólo en Navidad, Dios se proyecta en nosotros con múltiples bendiciones. Sucede, sin embargo, que hay muchos ciegos y sordos por decisión propia, quienes no quieren ver ni escuchar las verdades del Omnipotente y Omnipresente.
Gran error este de gente necia como dice La Biblia: Solemos dar por sentado y tomas ventajas de que como Padre amoroso que siempre se desvela por sus hijos El siempre mantiene abiertos los canales de comunicación con nosotros y se adelanta a nuestras necesidades. Y dejamos el orar para "más tarde", para "cuando haya tiempo". Y con su misericordia sin límites, pese a nuestra negligencia, El, al entregarse a servirnos, nos recuerda el deber nuestro primordial de amar al prójimo y servirle.
Reflexionando sobre lo antes dicho, entonces, surge la interrogante: ¿Por qué ponemos condiciones para amar, para servir, si, como escribió la poetisa chilena Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral), es tal el placer de servir, que "hasta Dios sirve" ? ¿Por qué podría decirse que inclusive para orar, para darle gracias y reconocer cuán grande y magnánimo es, cuando la alabanza debería surgir siempre espontánea de nuestros labios. Porque, no es una dádiva nuestra para con Dios, es un deber nuestro, es un derecho Suyo el recibirla. Méritos le sobran para que lo amemos e imitemos su bondad y dejemos reinar como la siempreviva en nuestro corazón el espíritu de Navidad. Es decir, para que no le pongamos el resto del año, en ningún momento, cerrojos y aldabas a este sentimiento tan hermoso que es el amor.


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74267
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América