Variedades

En Navidad regale su tiempo


Las fiestas de fin de año quiérase o no, llaman ala reflexión. Sea porque se ponga el individuo a meditar respecto a sus haberes, quereres, lo que lleva en el equipaje y lo que dejó a medias, sus ganancias y pérdidas, afanes, preocupaciones, frustraciones, proyecciones...
También, porque surgen incógnitas respecto a la oferta del mañana, sobre si se está equipado para enfrentar los retos y en cuanto al alcance de las acciones y la negligencia producto de la bastante común mala costumbre de posponer todo para "cuando haya tiempo".
En estas fiestas la gente se ufana de lo que hizo durante los doce meses transcurridos y se afana por amasar esperanzas para el mañana y acumular (somos consumistas por excelencia y la publicidad siempre cala) cosas materiales. Hay una carrera por adquirir lo último, comprar impulsados por la tendencia y es así como no es de sorprender la ola humana que abarrota los centros comerciales, ni tampoco es ajeno el tranque vehicular producto de este deseo de agradar a los seres queridos y amigos con un regalo, un detalle, una demostración de afecto.
No falta el despliegue de solidaridad por doquier, la gente se torna más sensible al dolor y la desgracia ajena, el resentimiento da lugar al perdón, hasta los políticos sacan provecho de estas fechas mostrando su lado humano y haciendo donaciones que sin duda cuando llegan al poder recuperan con creces.
Quienes están "pasando el Niágara en bicicleta" aunque sea temporalmente se benefician de este desbordamiento de misericordia, amor al prójimo y bondad de sus congéneres más privilegiados económica y políticamente. Saben que después volverán "los tiempos de las vacas flacas" y apelan a la empatía de quienes quizás más por sentirse bien consigo y con Dios, "para ganar un escalón al cielo", hacen alguna obra de caridad.
Los padres y madres de familia que tuvieron una agenda ocupada el resto del año, con un regalo a veces más costoso de lo que su presupuesto puede afrontar tratan de demostrar, equivocadamente, el amor que sienten por su prole. Se olvidan que el entusiasmo derivado de recibir un juguete o miles de ellos, por más bellos y costosos que sean, es pasajero, comparado con el gran vacío que anida en el corazón y la vida de estos/os niños/as, jóvenes y adolescentes faltos afecto, que añoran sensaciones no vividas como besos, abrazos, una palabra de aprobación, una demostración de "me importa lo que haces, lo que sientes, lo que piensas, lo que sueñas"...
Una revisión del ser y el hacer de cada uno permitirá saber si se encaja en alguna de las situaciones descritas, si se ha dejado con hambre de afecto a algún ser querido, si en ese momento oportuno en que necesitaba una caricia, un incentivo, un hombro dónde recostarse a llorar, un interlocutor dispuesto a escuchar, alguien con quien reír o llorar, se estuvo allí o si se fue el eterno ausente escudados en la falta de tiempo.
A la hora de hacer este ejercicio de fin de año de sacar cuentas en el plano emocional y de relación familiar e interpersonal, para efectos de determinar, lo más objetivamente posible, si hay un déficit o superávit en la conducta individual como ser humano, miembro de una familia, de una sociedad, de un grupo laboral, de una comunidad, como hijos e hijas de Jehová Dios Todopoderoso, tener presente que nadie es dueño del tiempo de otro es importante, al igual que saber que el hacer o dejar de hacer algo es potestad de cada uno.
Luego, vendrán a todo pulmón o internamente los ¡Hurra! ¡Aleluya! ¡Ay! y otras manifestaciones de júbilo o tristeza, según proceda. Pero, como no hay marcha atrás en el reloj, el tiempo que no se supo administrar correctamente para beneficio colectivo e individual (en ese orden) es tiempo perdido.


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140713
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América