La diabólica tentación de la pedofilia, el sexo, la lujuria y estímulos satánicos que despiertan insanas pasiones, siguen haciendo de las suyas en las mismas células de la iglesia católica a nivel mundial, dejando al descubierto a sacerdotes violadores e involucrando a otros en flagrantes abusos sexuales contra menores de edad, incluso de su mismo sexo, situación que tiene a la jerarquía de la iglesia "con los pelos de punta".
"Estas cosas son tan importantes y serias que hay que dar una explicación bien dada", dijo Monseñor José Dimas Cedeño, Arzobispo de Panamá, al salir de una reunión de dos horas con el rector de la Universidad Católica Santa María La Antigua.
Prelados de diferentes países han salido confesos y Panamá, con el caso del sacerdote que aparentemente embarazó a una menor en Río Hato, no se escapa a este ataque, que para algunos religiosos, es un golpe más de las fuerzas diabólicas que buscan fomentar el caos y la disminución de la fe en los ministros de Cristo, enfilando sus cuernos contra sagradas sotanas.
En ese sentido, el Papa Juan Pablo II condenó abiertamente a los sacerdotes "que han cedido a la tentación", traicionando "la gracia recibida con la ordenación sacerdotal, rindiéndose a las peores manifestaciones del ministerio del mal".
Estos sacerdotes, según el derecho canónico, dijo el Sumo Pontífice, serán condenados a ser suspendidos, privados de todo derecho y reducidos al estado laical.
Lo mismo ha dicho en Panamá, el obispo de la Diócesis de Penonomé, Monseñor Uriah Ashley , en el caso de que tras las investigaciones, el sacerdote involucrado en el escándalo de Panamá, sea encontrado culpable. La Iglesia no impedirá que le caiga el peso de la ley.
El Arzobispo de Panamá se limitó a decir que la Iglesia se hacía eco de las declaraciones de Monseñor Uriah. "En estos momentos estoy tan de apuro que no soy capaz de atender sus cuestionamientos. Estas cosas son tan importantes y tan serias que no se deben hablar a la ligera", señaló Dimas Cedeño, comprometiéndose a dar una explicación "bien dada" más adelante, cuando su agenda no se encontrara, como en ese momento, tan cargada de reuniones con sacerdotes de diferentes jerarquías y a horas tan seguidas. Por lo pronto, hay algo que mantiene a Monseñor Cedeño ocupadísimo.
El religioso Vicente Aveldaño, director de Escuela Vocacional de Chapala, manifestó a este medio que se trata de un tema complicadísimo y de muy difícil solución. Aveldaño, (quien siguió los estudios eclesiásticos y aceptó vivir en castidad, pero no recibió la ordenación sacerdotal), recuerda que la propia ley dice que las figuras de autoridad para los niños o menores, cuando cometen un delito de este tipo tienen mayor responsabilidad y culpabilidad e incluso las penas son más duras. "En esto los sacerdotes no deben tener ningún trato especial, tenemos que ser tratados igual que todos los ciudadanos, y el abuso de un menor, ya sea en la línea de la pederastia o en el abuso de menores, es un delito execrable en estas personas".
Para Aveldaño, un español con 25 años de ejercicio ministerial, la iglesia tendrá que iniciar un proceso de reflexión muy profundo para ver las consecuencias que está teniendo el mantenimiento del celibato (la renuncia al derecho natural que tiene todo hombre o mujer al matrimonio). "El problema es que hay de los que se sienten llamados a ejercer el ministerio sacerdotal, pero no se sienten llamados al celibato. Sin embargo, la disciplina de la Iglesia Católica vincula el ministerio sacerdotal al celibato y éste es un problema que comenzó históricamente alrededor del siglo sexto. En las otras iglesias no existe, porque se permite el matrimonio".
No obstante, el pastor Red Thompson, de la Iglesia Evangélica Metodista, considera que se trata de un problema grave, que igual puede estar ocurriendo en cualquier comunidad cristiana. Thompson descarta que el problema tenga relación con el celibato. "Es una cuestión de bajas pasiones, en las que sin duda, tiene metida su mano "el maligno". Si alguien dice que el celibato es la causa, no está vigilando su propia casa. Es decir, que es equivocado pensar que, porque en la Iglesia Evangélica no se practica el celibato, no puede haber la posibilidad de que se cometa un delito de esa naturaleza", dijo el propio ministro cristiano.
Aveldaño coincidió con el pastor al decir que el conflicto no se reduce simplemente a lo del celibato. "El problema es cuando un sacerdote no se siente plenamente identificado con su ministerio y sobre todo, cuando no lleva una profunda vida de oración personal y de cultivo espiritual. Llega un momento en que ese celibato que es expresión de su dedicación total a Dios y a su comunidad, se le vuelve un callejón sin salida", explica el religioso.
En tanto, el padre salesiano Francisco Ballesteros, de la Basílica Don Bosco, consideró que la Iglesia jamás cambiará la tradición del celibato. "Esta ha sido una tradición que la iglesia latina decidió seguir, impuesta por San Pablo, de que sus sacerdotes, que son voluntarios, hagan esa renuncia. Eso la iglesia no lo va a cambiar, porque considera el celibato como una respuesta generosa, espontánea extendida en toda la iglesia latina a Cristo Jesús".
Aunque se sabe que San Pedro era casado y Jesús lo escogió como casado y en ninguna parte se dice que Pedro dejara a su mujer, la iglesia latina que es apostólica decidió seguir a San Pablo, que llegó a ponerse de ejemplo imitando a Cristo y en ese afán nunca se casó. Eso lo aprendieron las comunidades cristianas y hoy por hoy los sacerdotes no consideran que tengan que desistir de la tradición. Ellos quieren vivir como Jesús vivió, dijo el salesiano.
Pero el que los sacerdotes cumplan con esa renuncia al matrimonio, esa abstinencia al sexo no promueve, en ninguna medida actos insanos, ni abusos sexuales, ni prácticas homosexuales. Eso es completamente falso, señala el padre Ballesteros que ha dedicado toda su vida al sacerdocio.
El que un cristiano que es sacerdote le falle a la iglesia, a la comunidad y, sobretodo a Dios, "es triste, a veces escandaloso, pero no es manifestación de anormalidad, aunque sí de debilidad y de pecado", dijo el prelado. El sacerdote explica que no es que sea normal el fallar al ofrecimiento del celibato, "es que el hombre que falla no es anormal, ni antes ni después de fallar. Es una persona común, como el fiel o el no fiel cristiano".
"El pecador cristiano se arrepiente de su falta, la repara y hasta vive más contento que antes", afirma el presbítero y asegura que estas anomalías se dan con mucha menor frecuencia de lo que aparentan, "porque ¿cuántos son los sacerdotes que viven hoy día en Panamá?. Son muchos, pongamos que sean 500, por qué no se habla de 499 y sólo se habla de uno, porque ese uno llama mucho la atención y los 499 simplemente viven tranquilos su ofrecimiento a Dios, a la Iglesia y a los fieles".
Según el sacerdote, no son solamente los padres católicos los que renuncian a la vida matrimonial, "muchos científicos y otros profesionales, por sus obligaciones, también lo hacen y por ello ¿son un peligro para la sociedad?".
El reverendo recordó que en Panamá hay bonitos ejemplos de cristianos, que han estado casados, incluso han tenido hijos, pero de alguna manera, no felices en esa línea y libres de las obligaciones del matrimonio, han querido ser sacerdotes y lo han logrado, entregándose de lleno a Dios.
Finalmente, aunque es muy sabido aquello de que "el hábito no hace al monje", Ballesteros defendió su oficio parafraseando al mismo San Juan Bosco, "el mejor regalo que Dios da a una familia cristiana, es una vocación sacerdotal". Ahora habría que medir si realmente se trata de un "mano a mano" entre el bien y el mal y de ser así, ¿quién está conectando los mejores golpes?.