Las estadísticas son alarmantes: una encuesta publicada en el Boletín de la Asociación Dental Americana muestra que la mayoría de los adultos de EEUU tiene señales prematuras de enfermedad periodontal o enfermedad de las encías. La situación no es muy diferente en otros países, donde la prevención dental por parte de sus ciudadanos es una asignatura pendiente. La gingivitis (inflamación y enrojecimiento de las encías) es el primer signo de la enfermedad periodontal, y esta dolencia es la principal razón por la que los adultos pierden sus dientes.
Pero a pesar de que alrededor de la mitad de la población de los países industrializados sufre la "enfermedad de las encías" -y por ella pierde uno o más dientes a lo largo de su vida-, la mayoría de las personas ignora que la padece o desconoce sus síntomas, hasta que resulta demasiado tarde para remediarlo.
La enfermedad periodontal es una infección bacteriana causada por la placa que continuamente se forma sobre los dientes. Si esta película no se quita diariamente, se solidifica en sarro y produce al entrar en contacto con las bacterias unas toxinas que inflaman las encías y las hacen sangrar, produciendo una forma previa de gingivitis. ATAJARLO A TIEMPO
En esta etapa, la enfermedad periodontal puede solucionarse con asistencia profesional y un cuidado adecuado, pero si se la deja progresar, las encías pueden despegarse de los dientes, formando depósitos que se llenan de la placa, y que a medida que aumentan de tamaño, pueden causar una pérdida de hueso o la caída, flojedad o necesidad de extracción de las piezas dentales.
El enrojecimiento, la hinchazón o la sensibilidad de las encías, o su separación de la dentadura, así como el sangrado cuando se cepillan los dientes o se los limpia con hilo dental, son algunos de los síntomas de la enfermedad periodontal, igual que el mal aliento persistente, la aparición de pus entre las encías y los dientes, así como la separación entre éstos últimos.
Los cambios en la forma en que los diente encajan uno con otros al morder o en la forma en que se comporta la dentadura al masticar, son otros signos de alarma, ante los cuales hay que acudir al dentista.
La mejor forma de prevenir la enfermedad periodontal consiste en cepillar y limpiar con hilo dental la dentadura diariamente, y acudir al menos dos veces al año al dentista, quien eliminará la placa bacteriana de los lugares más difíciles y extraerá el sarro que pueda haberse formado.
Las cremas dentífricas "antigingivitis", que hacen más lento el metabolismo de las bacterias orales para que produzcan menos toxinas patógenas; los cepillos dentales sónicos, que utilizan sonidos de alta frecuencia para desalojar las bacterias que forman la placa; y los irrigadores, con puntas muy delgadas que penetran bajo la línea de las encías, son algunos de los nuevos y prometedores productos de cuidado doméstico dental.
Uno de los más avanzados métodos para diagnosticar el mal periodontal, consiste en que el dentista introduzca una fina sonda de metal debajo de la línea de la encía alrededor de cada diente, hasta que halle resistencia y mida la profundidad de cada depósito de placa bacteriana, adjudicándole una puntuación, que va desde "saludable" hasta "dolencia periodontal avanzada".
Otro sistema de diagnóstico muy reciente consiste en efectuar un análisis genético para conocer la composición bioquímica de las bacterias que causan la "enfermedad de las encías", permitiendo que el dentista recete el antibiótico más adecuado para tratar la infección dental.
También se han desarrollado nuevas técnicas de tratamiento como la que consiste en que el dentista coloque un hilo muy delgado -que contiene un preparado antibiótico que se libera lentamente- en el depósito enfermo, dónde lo deja alrededor de diez días, antes de extraerlo.
Este método permite administrar antibióticos mucho más potentes que los administrados en píldoras, eliminando sus efectos secundarios en el organismo.
Cuando la enfermedad periodontal ha destruido el tejido de las encías y el hueso hay que recurrir a la cirugía.
En vez de frenar el avance de la dolencia, se puede reconstruir el hueso, revirtiendo parte del daño, al injertar piezas de otras partes del cuerpo del paciente, de bancos de hueso o de animales, en la zona donde se perdió el tejido.
Entonces, las células óseas y los vasos sanguíneos "migran" hacia el injerto, originando nuevo hueso y también la cubierta externa del diente, debajo de la línea de la encía.
Otro método similar, la "regeneración guiada de tejido", consiste en ubicar una delgada membrana artificial en el depósito de placa bacteriana, dónde permite que las células que ayudan a sanar la herida se sujeten a la raíz del diente, "filtrando" las no deseadas. Después de 4 a 6 semanas, el diente se rodea de tejido de encía y hueso nuevo, y se extrae la membrana.
Una persona puede hacer muchas cosas, algunas de ellas muy sencillas, para prevenir la aparición de esta dolencia, que además de perjuicios funcionales y estéticos, puede tener una considerable repercusión en la economía familiar, debido a lo costoso que resulta su tratamiento. LA IMPORTANCIA DEL CEPILLADO DIARIO
Los expertos recomiendan no emplear apenas 30 segundos en limpiarse los dientes, sino tomarse el tiempo necesario para usar el hilo y cepillo dentales correctamente: de tres a cinco minutos dos o tres veces al día para lograr una buena higiene dental.
La zona que atrapa el sarro alrededor de la línea base de la encía, es donde se inicia la gingivitis y es la que más se olvida al cepillarse. Para remediarlo, los expertos aconsejan colocar el cepillo formando un ángulo de 45 grados respecto de los dientes, de modo que la mitad del cepillo limpie las encías, mientras que la otra mitad cepilla los dientes. Después hay que mover el cepillo en oscilaciones, no "tallando".
Tener dos cepillos y alternar su uso (permitiendo que uno se seque y ventile mientras se emplea el otro) o utilizar un cepillo dental eléctrico (que retira alrededor del doble de la placa bacteriana que retira uno manual) son otras medidas higiénicas recomendadas por los expertos.