Son fáciles de preparar y pueden llevar multitud de ingredientes, lo que permite jugar con un amplio abanico de texturas y sabores. También resultan un plato muy económico y son siempre digestivas, ya que su punto de partida, que es el caldo, aparte de ser un tesoro de aromas y sabores, lo es también de vitaminas y minerales, señala el libro de recetas culinarias "The Best Gourmet".
Sus ingredientes principales son: ajo, caldo o agua, aceite, pan, pimentón, pimiento choricero y huevo.
Para su elaboración se ponen los ajos fileteados con aceite y se doran.
Fuera del fuego se añade el pimentón, y seguido el pan.
Se rehoga todo para que el pan absorba el aceite.
Se añade el caldo o el agua para que el pan se empape y empiece a deshacerse.
Por último, se añade el huevo y se pone a punto de sal.
Esta sopa es la más clásica y también se la conoce como sopa de ajo castellana.
Se puede utilizar pollo pero la gallina ofrece más sabor y aroma, incluyendo los huesos.
También podemos usar carnes rojas o blancas, pero los huesos de vacuno y jamón aportan aún más sabor.
En cuanto al pescado, su carne es mera guarnición, lo que realmente aporta sustancia son las partes que se desechan como la cabeza y las espinas y muchos pescados que no sirven para consumirlos.