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Entre el bien y el mal

La mensajería instantánea conlleva a estrechar lazos familiares, pero se convierte en una amenaza cuando se vuelve obsesiva.


La nueva modalidad de llamadas gratis a través de Whatsapp conlleva una nueva tarea para los expertos, quienes ya analizan el alcance y las repercusiones que traerá dicha aplicación para la convivencia y la comunicación de familias, parejas, amigos y compañeros de trabajo.

De plano, para el psicólogo Fernando Gómez, esta app últimamente se ha convertido en una adicción.

Son muchos los usuarios que le dan un uso abusivo, especialmente los más jóvenes, pues muchos de ellos han convertido esta aplicación en el formato habitual de contacto con las amistades. Fácilmente se pueden recibir hasta mil mensajes por día, e incluso, más si se está en grupos, lo que conlleva gran consumo de tiempo contestar cada uno, y más teniendo en cuenta que la mayoría de ellos son de poca importancia.

 

El problema de Whatsapp no es solamente el abuso de su uso, sino también las diferentes situaciones poco adecuadas en las que se utiliza, como por ejemplo en comidas familiares. Además, ver a las personas con la cabeza agachada pendiente de su smartphone se ha convertido en “algo demasiado habitual”, dice el experto.

Inconvenientes de este comportamiento

Es evidente que todo exceso no es recomendable y el primer peligro en este abuso es el fracaso escolar, matrimonial o laboral, algo que no es de extrañar si se tiene en cuenta el tiempo que se le dedica a este sistema de mensajería durante las horas lectivas, en familia o de trabajo.

 

Por otra parte, las reuniones de amigos ya no son como las de antaño por culpa del Whatsapp, y es que estos momentos amenos son constantemente interrumpidos por el sonido de la aplicación. Al respecto, el especialista señala que la interacción de la sociedad ha cambiado, porque el mandar un mensaje es menos interpersonal que hacer una llamada.

Síntomas de adicción

A partir del momento en el que recibes un mensaje de Whatsapp o una llamada de esta app y eso pasa a ser la prioridad número uno, y el resto de tus actividades pasan a un segundo plano, es un indicio de que hay un apego exagerado.

 

Estar pendiente de recibir a cada rato chat, mirar de forma constante el doble check para ver si los mensajes enviados se han leído y padeces el síndrome de las “vibraciones fantasma” son otros indicios.

¿Cómo se supera?

Contestar los chats o una llamada no es obligación. Siempre se puede tener el control, aseguró Gómez.

 

No entres al juego de dar explicaciones a una persona que se molesta contigo porque no le has contestado. Es problema suyo, no tuyo. Hacer lo contrario solo empeorará el problema.

“Cuando alguien contesta sin parar a todos los Whatsapp que recibe y no es capaz de postergar ese momento se genera un espacio de dependencia, no solo suya, del resto de personas también”, advierte el psicólogo Pablo Viudes.

¿Es dañino o no?

La forma en que se utilice la aplicación dependerá de la madurez y en gran medida de la personalidad del usuario. “Las personas más equilibradas no van a utilizar nunca Whatsapp de forma secreta. Pero para las más emocionales, el hecho de recibir un mensaje por esta vía resulta muy satisfactorio, y el no recibirlo les hace mucho daño”, así lo asegura el psicólogo español Enrique García Huete.

Para Gómez, Whatsapp debe ser tomado como una herramienta más y manejarla de la forma más conveniente. “La tecnología nos ayuda a ser más sinceros con nosotros mismos. Que la sociedad se vuelva dura, un poco sincera y menos hipócrita, tal vez sea bueno”, dijo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América