Hoy, cuatro de noviembre, cuando se le rinde homenaje a nuestra bandera tricolor, las damas panameñas acostumbran lucir con gran donaire, el traje típico nacional: la pollera.
Así, entre el sonar de clarines, tambores y cornetas, se ven desfilar por las calles, hermosas empolleradas de todas las edades. No es raro encontrarse a niñas encantadoras, mujeres radiantes y coquetas abuelitas, ataviadas con polleras que emanan alegría, lujo, gracia, esplendor y, sobre todo, un gran tributo a la Patria.
Esa exaltación a lo nuestro es digna de elogio, sobre todo en estos días de fervor nacionalista, en que el panameño se engalana y celebra con dignidad y orgullo la esencia del patriotismo.
Saber llevar la pollera, es un honor, todo un arte, un orgullo y un verdadero lujo, por lo costosa y delicada que es esta bella prenda de vestir.
Según informes de conocedores como la propia Prof. Dora de Zárate, la pollera puede costar entre cuatrocientos a tres mil quinientos balboas. Esto sin sumar el valor de las joyas, que por razones obvias, en muchos casos han dejado de ser originales, para lucir finísimas prendas de fantasías.
Lo costoso, explica Zárate, radica en el diseño, tiempo de confección, el material utilizado y la mano de obra. "Su valor aumenta con las joyas, que pueden ser de oro o de plata bañada en oro. Las mismas simbolizan la presencia cristiana por el trabajo de orfebrería religiosa y otros por trabajos civiles".
Una dama ataviada con una pollera de las originales, confeccionadas a mano, con las más finas telas y luciendo joyas que van de los tembleques, las cadenas, los peinetones, las peinetas hasta los aretes, puede haber invertido hasta unos 25 mil balboas en su vestimenta.
El valor puede aumentar aún más, por la exclusividad del diseño y por su antigüedad. Ni hablar, si las prendas están acompañadas por perlas y prendas preciosas.
El arte de hacer polleras se premió este año en el Festival Nacional de la Mejorana, donde se rindió homenaje a la señora Dilsa Vergara de Saavedra, quien recibió Medalla de Oro y Pergamino de honor por su labor en pro de nuestra cultura.
Doña Dilsa de Saavedra se ha dedicado por más de 25 años a la confección de esta bella prenda de vestir. Sus polleras han recorrido diversos países del mundo, tal es el caso de la que luciera la Señorita Panamá 1997, Lía Victoria Borrero en el concurso de Miss Universo.
Se informó que las cámaras del popular programa Sábado Gigante y su presentador estrella Don Francisco, así como innumerables cadenas de televisión extranjera, han sido testigo de los delicados trabajos que elabora la señora Dilsa con su equipo de trabajo en su residencia ubicada en La Enea de Guararé.
Y es que es generalmente en los pueblos de la pintoresca provincia de Los Santos, como Guararé, La Enea, Las Tablas, San José y Santo Domingo, donde se confeccionan la mayor cantidad de polleras, empleando en cada traje de tres meses a un año, dependiendo del diseño.
Conocedores como el Prof. Edgardo De León Madariaga, considera que el ataviarse con una pollera no requiere de excesos. Señala que "es de mucho valor adornar la pollera con cierto número de cadenas de oro, pero no es imprescindible que se lleven todas las que se puedan usar para vestir el traje nacional".
El profesor De León Madariaga recomienda que "cinco cadenas como mínimo y siete u ocho como máximo, son suficientes para presentar un aderezo correcto, porque la camisa de la pollera pierda su gracia cuando está recargada en alhajas".
También aclara la fuente que "al lucir la pollera, no se deben usar maquillajes exóticos de colores extravagantes que, en vez de embellecer, afean a la persona; tomándose en cuenta que la pollera por sí, tiene muchos adornos".
Además, es bueno anotar que el largo de la pollera no debe llegar hasta el piso, para que también los zapatos se puedan lucir.
Tomando en cuenta estas recomendaciones y si sus condiciones económicas lo permiten, las damas panameñas pueden salir hoy engalanadas con el traje típico, símbolo inequívoco de nuestra nacionalidad. ¡Viva Panamá!