Él, Lindoro. Ella, Rosina. El lugar, Sevilla. ¿Qué tienen en común? Se aman. Se desean con ansias desesperadas. Usarán cualquier artificio para estar juntos.
Hallaron un aliado. En verdad el que se las ingenió para propiciar el encuentro fue el barbero. Fígaro, el barbero de Sevilla.
¡Qué opera! ¡Que gala de talento! ¡Qué escenario! ¡Qué montaje! ¡Qué música! ¡Qué voces! ¡Que afortunada fue Panamá¡
Qué afortunada, al ser tomada en cuenta entre las naciones que forman parte de la gira de "El barbero de Sevilla", cuya única presentación hizo reír a chicos y grandes la noche del jueves en el Teatro Anayansi del Centro de Convenciones ATLAPA.
"No soy rico, pero un corazón te doy, un alma amante, que fiel y constante.. por vos sola suspira, desde la aurora hasta el ocaso del día", era la lírica con la que Lindoro se mercadeaba como galán a la bella Rosina, quien, sin él saberlo, le correspondía. Y se prometió a sí misma: "Sí, Lisondro, mío serás, lo juro y me saldré con la mía".
¿Se salió con la suya? ¿Se valió ella de las "cien trampas" como prometió con tal de que la relación prospere?
El viejo Dr. Bartolo, que de bobo no tenía y sabía que le querían robar el mandado, también arrancó carcajadas a la concurrencia. Ni las zalamerías de Rosina lo convencieron.
Entre enredos y desenredos, amores y desamores, pretensiones y desilusiones, altas y bajas, con salpicones de humor, un selecto público se deleitó con esta extraordinaria pieza artística que duró dos horas y media.