Cuando de denunciar cualquier violación a los derechos del niño y la niña se trata, no se aceptan “convidados de piedra”.
Es que, cómo permanecer mudos y cruzados de brazos ante esta injusticia.
¿Saben ustedes lo que significa robarle la niñez a los niños? Es como cortarle las alas a un ave.
Porque nadie debe quedarse al margen y todas las voces deben alzarse en un clamor que no pueda ser acallado jamás, Casa Esperanza lanzó su Campaña 2011, que es un ataque frontal, una cruzada contra el trabajo infantil, que es causa de deserción escolar y actúa como un freno para el desarrollo integral infantil.
El presente y el futuro de la niñez se ve amenazado cuando en vez de invertir tiempo en actividades propias de esta etapa de su desarrollo, niños y niñas son utilizados como proveedores del sustento hogareño, ante la mirada impávida de los que están llamados a protegerlos, los adultos, quienes, muchas veces son sus detractores.
Los 6,600 beneficiarios de Casa Esperanza tienen en esta ONG una aliada incondicional contra todo intento de sabotear su futuro.
Con asertividad, confianza en la niñez, motivación para que se desarrolle plenamente, se puede poner un alto al trabajo infantil y devolverle el derecho a jugar, formarse y trazarse un futuro promisorio a 90 mil niños que hoy son víctimas, que trabajan en el campo y la ciudad, que en vez de pensar en jugar, crecer, divertirse, superarse, enfrentan el reto cotidiano de tener que llevar el pan a su hogar con el sudor de su frente. A los que se les impide ser niños y se les obliga a ser adultos antes de tiempo, como si se les mandara a la guerra desarmados.