Un antiguo escritor hebreo afirmó hace cientos de años que la fe es "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve".
Para Maritza Sevilla, este pasaje de las Sagradas Escrituras define los últimos acontecimientos de su existencia.
Hace tan sólo un par de años que publicó su libro "Un Colibrí en Siberia", la historia de una pequeña ave que recorre el mundo partiendo desde los cálidos jardines de la isla de Taboga, en Panamá, hasta las pintorescas y gélidas praderas del Este de Rusia.
La obra, que expresa el sueño de la autora de visitar aquel gran país euroasiático, llegó a manos del Presidente ruso, Vladimir Putin, quien a través de Su Excelencia Eugeny Voronin, Embajador de Rusia en Panamá, le hizo llegar a Sevilla su sincero agradecimiento.
La belleza de la obra también inspiró al músico panameño, Antonio Robira, quien plasmó en el pentagrama las emociones y vivencias de la pequeña ave tropical durante su viaje entre dos mundos.
Posteriormente, durante una recepción en la sede diplomática rusa, la escritora Sevilla conoció a la laureada bailarina de ballet, Valentina Ganivalova, invitada de honor del evento. La conexión entre ambas mujeres fue inmediata. "Al vernos por primera vez, presentimos que algo interesante iba a ocurrir entre nosotras", dijo Sevilla.
Sin embargo, con el pasar del tiempo disminuyó la comunicación entre Sevilla y Ganivalova, por lo que la autora apostó por un acto de fe: "El pasado mes de mayo, decidí emprender un viaje a Moscú, para saber cómo iban las cosas, aunque confieso que no sabía a qué atenerme ni quién me esperaría en el aeropuerto", comentó.
No obstante, la aventura "a ciegas" de Sevilla dio resultado. Para su sorpresa, fue recibida por Valentina Ganivalova, en compañía de su equipo (director ejecutivo, traductor, editor, compositor y arreglista). Actualmente, el libro está siendo traducido al ruso con las puertas abiertas para ser editado en aquel país.
Los animales son los personajes más emocionantes para los niños. Y, con esos temas, los "cuenteros" interactuaban con los oyentes.
"Y ¿por qué no tienen títeres?", preguntó un pequeñín que no se quedaba quieto.
Un poeta representativo de la literatura panameña estuvo escuchando. Ramón Oviero, ganador en varias ocasiones del Premio Ricardo Miró.
El escritor dice que cuando era niño no se realizaban estas actividades, ya que en ese tiempo eran las maestras las únicas que les contaban cuentos a los alumnos.
El vio normal el comportamiento de los pequeños, y hasta comió del pastel que les tenían los organizadores a los pequeños como refrigerio.
Oviero adelantó que en los próximos meses saldrán dos libros de él. Uno que escribió hace más de cuarenta años en México y el otro que tiene unos cinco años de escrito.
Aunque ya no escriba, el escritor, compartió que es su esposa la que le lee porque él fue operado de la vista.
Las maestras que llevaron a los estudiantes agradecieron a los organizadores del evento, el cual marca positivamente en la educación de los niños.
La mayoría de estos oyentes llegaron desde la Escuela Simón Bolívar de Pacora.
Para los adultos que asistieron, hubo un stand pequeño con libros ganadores del Premio Ricardo Miró a precios de 25, 50 y un balboa.
Los niños siempre tienen muchas cosas que contar, salvo que en ocasiones no tienen las palabras adecuadas.
"Bien pritty", "entretenido", "muy, pero muy triste", "quiero regresar", "mira que no conocía esa cucarachita llorona", "ese logro era bueno", "ese monstruo era muy feo y tenía ocho ombligos", "el dulce estaba rico", "ese niño me pisó", estas son algunas de las repuestas que los niños dieron cuando hacían fila para tomar el refrigerio que les tenían a la salida.
Estos cuentacuentos, además de entretener a los niños, es una forma de regresar a la niñez.