Las escuelas de samba de Río de Janeiro calentaban ayer sus tamboriles para los desfiles del domingo y lunes próximos, que prometen ser los más ajenos a la tradición de denuncia política que ha marcado la historia del Carnaval carioca.
A diferencia de otros años, los desfiles que conmemorarán además el vigésimo aniversario de la avenida con tribunas que en Río de Janeiro y el mundo se conoce como "Sambódromo" tendrán como sello la superficialidad y algún toque "educativo", en vez de la crítica a la dura realidad social brasileña.
El Carnaval carioca, que nació en los suburbios más pobres de la ciudad a principios del siglo XX, se ha caracterizado por ser no sólo una pasarela de alegría y desenfado, sino también de denuncia para las grandes masas de excluidos que existen en la sociedad. Sin embargo, este año serán muy pocas, casi ninguna, las escuelas de samba que usarán esta enorme caja de resonancia para la protesta.
Fue entonces cuando los cantineros se ingeniaron y comenzaron a mezclar el alcohol con jugos y otras bebidas para mejorar o disimular su sabor. Con el tiempo, el cóctel perdió su popularidad, sobre todo fuera de los Estados Unidos, pero unos años después resurgió y se hizo más popular que nunca en todos los países del mundo.
Los cócteles se preparan generalmente con tres ingredientes: Un alcohol como base, que pueden ser vodka, tequila, o whisky.
El sabor fuerte se le da con bebidas como el vermouth, jugos de frutas o vino, y algunos le agregan cremas o huevos para modificar el gusto de la base.
Un tercer elemento sirve para enaltecer el sabor de la base y agregar color a la mezcla. Esto se logra con la granadina o el blue curacao, entre otros. Finalmente son decorados de diversas formas, las más comunes con frutas y hojas de menta.