Cuando reconocemos al que será el "hombre de nuestra vida" y la relación prospera, el cielo es más azul, el calor menos insoportable y los tranques vehiculares son un precioso tiempo para cantar canciones romántica y pensar en él. Todo va tan bien que pensamos en la posibilidad de unir nuestras vidas, es entonces cuando aparecen en escena otros personajes: Su madre, que bien puede ser la hada madrina o la bruja mala del cuento. Para la psicóloga María Eugenia Moreno-Góngora, en nuestra sociedad la figura de la madre, independientemente de su buena o mala ejecutoria, es reverenciada. Ella es baluarte y gestora de la familia y los valores. Aún cuando ahora el padre está más presente, es la mujer el sostén del núcleo familiar.
Nuestra experta ilustra ese rol con los comentarios de hijos, hijas y padres orgullosos: madre sólo hay una; mi mamá, la mejor mujer del mundo; tu mujer no será nunca mejor que tu madre; etc.
Esta especie de adoración es llevada a la relación cuando la mamá es parte de la promoción dos por uno. Los motivos de tu amado para traer a tu suegra a tu flamante nuevo hogar son múltiples; puede ser que vivieran juntos antes del matrimonio y no tiene con quien dejarla; o que ella dependa económicamente de él; o que tu maridito dependa emocionalmente de ella y viceversa. Así, dijo María Eugenia, cuanto más personal sea el motivo (sicológico, emocional, espiritual ...), las cosas se pueden ir complicando y dificultando.
"Los hombres emocionalmente dependientes de sus madres se pueden ver seriamente imposibilitados para establecer vínculos afectivos con otras mujeres, sólo por poner un ejemplo sencillo", agregó.
Según la psicóloga, los roles de la madre en el nuevo hogar que se forma pueden variar y estarán definidos también por muchos factores. "Idealmente, si se da el caso de que ésta inevitablemente deba vivir con la nueva pareja, debiera ser de apoyo amoroso y atento, al igual que esto mismo se deba esperar de los hijos hacia ella", apuntó.
Caso contrario, se convierte en un obstáculo, en algunos casos insalvable, para la cimentación de la nueva pareja, y en motivo de disgustos y peleas. A su parecer la personalidad de la madre y del hijo, las previas relaciones entre suegra y nuera, la disponibilidad de cada una de las partes para lograr o no la mejor convivencia, marcarán y definirán los roles a jugar.
Este sabio adagio popular es el mecanismo a emplear en estos casos. Con el diálogo se establecerán límites saludables y considerados para preservar el espacio vital de cada uno de los miembros que conviven en la casa, y de la nueva pareja (considerada como un nuevo ser independiente de cada uno de sus miembros.
Un comentario interesante que nos hizo la psicóloga es que al casarse se deja de ser dos para ser tres: hombre, mujer y pareja, tres individuos distintos con distintas necesidades y obligaciones. A su parecer, preservar la salud de la nueva pareja debe ser prioritario. Una madre autónoma, respetuosa de si y de los demás, independiente, amorosa, será una excelente ayuda.
El consejo de María Eugenia Moreno-Góngora es dialogar, negociar, y en casos extremos buscar el espacio físico necesario para preservar la integridad de la nueva pareja, si hay que poner distancia física para salvaguardar tu relación, hazlo.
Ten claras las expectativas que como pareja y como individuos tienen cada uno y habla al respecto. Ten claro el panorama, negocia y establece límites. "Si la situación atenta contra la permanencia saludable de la pareja y el respeto de alguno de los miembros, busca ayuda, orientación. Pero tener claro que esa pareja nueva que se establece es importante, hay que cuidarla, darle su lugar, protegerla de intromisiones, y para ello se necesita madurez, responsabilidad, autonomía, compromiso, lealtad, amor", manifestó.