AMOR INCONDICIONAL. En una fecha tan importante para la vida de la comunidad cristiana hay que hacer méritos para ganarse el cielo. Jesús es el camino. Dios te lo prometió. La visa sólo él la otorga.
Comienza el día dando gracias por la vida.
Mira a tu alrededor y da gracias, otra vez, por la oportunidad de gozar de la naturaleza: del sol, la luna, las estrellas, el agua..
Da gracias por tu salud, por tus sentidos, por la capacidad que Dios te dio para amar. Por tu familia.
Un día de gratitud, sin duda, no puedes olvidarte de los desafortunados. Deja espacio para pedir por ellos.
Pide también a Dios y a Jesús que te den discernimiento.
Al acompañar a Jesús con el corazón en su Viacrucis, desenmaraña tu espíritu.
Con tu proceder, contribuye a que los acordes de la esperanza, del amor, de la tolerancia, de la empatía, la solidaridad y la justicia, suenen armoniosos en el inmenso arcano, en las bóvedas del alma de la humanidad.
Vuelca la magia de tu bonanza en el regazo de los más vulnerables.
Haz acopio de toda tu energía positiva para inyectarla en los desesperanzados.
Nútrete con la sapiencia de las Santas Escrituras y deja anidar en tu corazón, tu mente, tu cuerpo y espíritu todo aquello que los hará engrandecer.
Escoge hacer las cosas a la manera del Maestro Supremo, con sus reglas y a su tiempo. Cosecharás los frutos de la eternidad.