Empatía, ética, entrega, compromiso con la verdad, agente de cambio, intermediario entre las fuentes y los destinatarios del mensaje, aladid de la justicia, reflector de la realidad social, movilizador de cambio... en una palabra, PERIODISTA.
Cuando uno se inicia en esta faena, el matrimonio es para siempre, porque el enamoramiento con el trabajo cotidiano a veces raya en la locura. Y es que, aunque a veces la carga esté pesada y pase por la mente la idea de claudicar, una la espanta, porque, de esto se trata: de no dejarse vencer por la mala paga, las fuentes que creen que pueden tergiversar la verdad (acallarla o disfrazarla), ni por el cansancio ante la lucha muchas veces infructuosa por robarle espacios a los políticos, quienes son los malqueridos por todos, pero perseguidos por los medios. Sí, queda establecido que quien decide estudiar y ejercer el periodismo ha de tener bien puestos los pies sobre la tierra y pararse firme: sacrificio es la palabra que está a la orden del día. Y un batallar constante contra los intereses creados de las minorías, que pesan de una manera tal que no basta con sentir que se repudia y rechaza las constantes manifiestas intenciones, procedentes de muchos sitios, de tratar al periodista como tonto útil, de pensar que carece de criterio y fortaleza moral. ¡No!, hay que retomar el compromiso día a día y honrar la profesión, que es honrarse a sí mismo.
Pero, sin duda, lo dice el refrán: "de todo hay en la viña del Señor". Flaco favor le hacen a la profesión quienes se dejan tentar por los "vendedores de ilusiones" que tiran la carnada para pescar en río revuelto. Y ¿quién paga los platos rotos? El público, que recibe un producto mediocre, falto de balance, con sabor a improvisación.
Los padres de niños autistas piden a las autoridades mayor atención para ellos, tomando en cuenta que todos saben que hay que ayudar a las personas sordas, ciegas, mudas, que no caminan, o que tienen retardo, porque a éstos se les nota.
A los niños autistas no se les nota a primera vista su mal. Además, son niños con ojos muy bonitos y expresivos, son hermosos, parecen rebosantes de salud, por eso "no venden", y nadie les ayuda.
Ellos necesitan crear un centro especial de atención con especialistas, para poderles practicar las terapias, y acondicionarlo con computadoras y equipos de música, que a ellos les atrae. Necesitan enseñarlos a aprender, para que cuando se incluyan en las escuelas vayan preparados.
Por eso piden a las autoridades que volteen su mirada hacia estos padres, que envían un mensaje urgente de auxilio para ayudar a sus hijos.
Son niños como Alexander, que habla poco, pero que es inteligente, entusiasta y que puede mejorar, siempre y cuando tenga el estímulo y la ayuda necesaria.