Es frecuente que los niños entre 1 y 10 años no coman bien: son selectivos ante los alimentos nuevos, comen en muy pocas cantidades o no lo quieren hacer del todo.
Ante esto, los padres se angustian porque sus hijos no se alimentan adecuadamente y no alcanzan un crecimiento óptimo. Estudios de la Asociación Americana de Nutrición (AAN) indican que el 50% de los niños entre 1 y 3 años no quieren comer, y un 45% de los padres llevan a sus niños al pediatra porque les preocupan los malos hábitos alimenticios que ven en ellos.
Los especialistas han señalado que cuando un niño entre 1 y 5 años no se alimenta adecuadamente, puede presentar retraso en el crecimiento de talla y peso, pero lo más grave es que la falta de nutrientes también afecta el desarrollo cerebral.
La ayuda de un profesional en nutrición es fundamental; y también puede apoyarse con suplementos nutricionales y vitaminas. Los suplementos orales son fórmulas que contienen la cantidad adecuada de nutrientes necesarios para que un infante se desarrollo sanamente.
Un vaso de 225ml de un suplemento nutricional posee la cantidad exacta de macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas), vitaminas y minerales adecuadas para un tiempo de comida. Si el niño apenas picotea la comida, pero se toma toda la fórmula, los padres pueden relajarse porque ha ingerido los nutrientes necesarios.
Las vitaminas también ayudan, pero no provocarán que los menores coman más o aumenten de peso.
Hay algunas estrategias que pueden seguirse para entender y enfrentar el comportamiento de los niños "caprichosos". Es conveniente saber que los niños tienen "sus momentos": algunos días comen muy poco y otros ingieren cantidades exageradas.
Finalmente, los pequeños tienden a repetir alimentos, y les encanta lo ya conocido. Quieren comer durante largos períodos el mismo alimento; en aquellos casos en que el alimento es nutritivo (por ejemplo, el pescado) no hay que preocuparse, pero cuando no es así es fundamental ser creativo y paciente para que los pequeños prueben otras cosas.
La directora del Centro Femenino de Rehabilitación, Lidia Castañeda, dijo que no se puede señalar que hay problemas con los medicamentos, aunque reconoció que faltan algunos.
Explicó que lo que no logran conseguir por cuenta propia lo hacen mediante donaciones.
Asegura que lo de la "pastilla milagrosa" se escuchará en todos los centros porque son palabras repetitivas, pero si se observan los medicamentos con los que cuentan, se comprueba lo contrario.
Las medicinas son suministradas por el departamento de Salud y las que son de urgencia, son compradas a través de la administración y los familiares que tienen la facilidad de llevarlos.
Castañeda precisó que las internas son atendidas por el doctor del penal y si él las refiere a un especialista, se hace a través del Santo Tomás, el Ministerio o el Centro de Salud. En caso de urgencia se trasladan al hospital más cercano que es el San Miguel Arcángel.
Sobre el estado de los baños, la directora aceptó que están dañados, pero dijo que es porque las mismas internas les echan papel higiénico u objetos que obstruyen las tuberías.
Castañeda explicó de dónde provienen las medicinas.
Juan Lum, médico del Centro Femenino de Rehabilitación con más de tres años laborando allí, señaló que trabajan con un sistema de cupos. Las internas tienen la facilidad de acercarse y obtener el suyo.
Generalmente se otorgan 15 por día, ya que hay un grupo abierto, de cinco a 10, para urgencias como una paciente lesionada por una caída o casos de asma, las que en ocasiones llegan a ser hasta 25.
"Lo que llaman la pastilla milagrosa es el famoso acetaminofén, pero se trata de solventar esta carencia con el apoyo del Centro de Salud de Río Abajo y Parque Lefevre y con la primera dama, en sus ferias de salud", aclaró Lum.
El médico reconoció que hace falta la asignación de un presupuesto de medicamentos acorde con la realidad de salud del penal.
Dice que el gran problema que hay en el penal es el transporte y la falta de personal que acompañe a las internas a sus citas.