"Las mujeres construimos nuestra identidad como seres para otros, ya que, desde que nacemos, se nos educa para que atendamos las necesidades de otras personas. Se nos enseña a dar y a seguir dando, para luego pedir prestado... para volver a dar. Esta es una forma de expropiación: nadie tiene que venir a sonsacarnos nada, siempre estamos listas para darlo todo, nuestros afectos, nuestra energía vital, nuestro trabajo invisible, nuestras capacidades, cediendo nuestra personalidad, independencia, inteligencia y dignidad".
Tales planteamientos aparecen en un documento del Instituto Interamericano de Derechos Humanos-IIDH, titulado ¿Cómo construimos nuestra identidad como personas?
"Empezamos a construir nuestra identidad como personas desde que nacemos, al percibir un trato diferente según hayamos nacido mujeres o varones. Esta identidad que llamamos identidad de "género", influye mucho en nuestra imagen de personas. Cuando me pregunto ¿quién soy?, si me digo: "soy mujer", pienso en algo diferente a si respondo: "soy hombre", porque cuando preguntamos ¿qué significa ser mujer? ¿qué significa ser hombre?, generalmente pensamos en cualidades o características diferentes para una y otro, explica el documento.
Algunas de las características que se asocian con el ser mujer es ser: débil, bondadosa, emotiva, pasiva y abnegada, en contraposición con fuerte, inteligente, racional, agresivo, dueño de sí mismo, asociadas al ser hombre.
Esta categorización de conductas propias de hombres o de mujeres son reforzadas constantemente no sólo en la familia, sino que también en la escuela, el radio, la televisión, la comunidad.
La publicación explica, además, cómo es algo común también que prevalezcan los reconocimientos para los hombres y muy poco para las mujeres, cuya labor es subvalorada porque se da por sentado que, por ejemplo, los trabajos domésticos son exclusiva responsabilidad suya, al igual que la crianza de los/las hijos/as.
Más adelante el documento dice que el trato hacia la mujer según su edad también difiere y esto incide en la forma como se siente la mujer.
Añade que: "Cuando nos sentimos mal con nosotras mismas, enfermamos, nos entristecemos y nos ponemos de mal genio. Si nos sentimos mal, no podemos ser felices ni hacer felices a otras personas. Tampoco seremos capaces de defender nuestros derechos como personas ni ser independientes".