Están en un restaurante. Llegó la hora del postre. Kevin agarró rápido y entusiasta el pastel de chocolate. Se lo engulle rápidamente. Se pasa la lengua por los labiros en señal de satisfacción. Se chupa los dedos. Se ensució toda la cara.
"Pareces un mono comiendo", le grita el hermano adolescente.
"Eres un cabezón, ¿cómo pudiste ganar uno en ese examen?", le dice Maricruz a su hijo Oliver, de nueve años.
Algo se rompió. Fue el jarrón chino. Alison estaba jugando con su perrita Laika.
"Eres una niña mala", le grita su madre.
Van de la mano la nana y Jorgito. Tras una cerca un doberman les ladra.
"Si lloras eres niñita", se oye decir.
Esas y expresiones similares o peores se escuchan a diario en centros comerciales, cines, avenidas, paradas de autobuses y otros sitios.
¿Quiénes les lanzas esos insultos? porque frases estimulantes y amorosas no son.
Padres y madres de familia, hermanos, adultos en general, están ofendiendo a los niños indefensos, que se acostumbran a recibir calificativos denigrantes.
¿A quién le gusta que lo exhiban y le pongan etiquetas, motes o apodos? ¡A nadie¡ ¿Verdad?
Insistimos. Esto es algo delicado. El niño no por pequeño puede ser irrespetado. Ni siquiera por sus progenitores.
Actitudes como las descritas desdicen mucho de los adultos, que se supone dan el ejemplo y están para proteger a los niños.
Hay que trabajar de cara a evitar ser los principales detractores de los propios hijos, sin que esto indique que no se les pueda llamar la atención o pedirles cambios de conducta. Sí, pero de buenas maneras y sin usar adjetivos negativos.
Lo que se quiere es criticar la conducta no a la persona.
Cuando el individuo está en su primera y segunda infancia es como una esponja que va absorbiéndolo todo. Lo bueno y lo malo. Si se le demerita, se le señala, se le estigmatiza, comenzará a quererse menos y a sentirse aprehensivo, a la defensiva, resentido.
Ciertamente, "la costumbre se hace ley". De tanto escuchar que se les habla con palabras y frases hirientes, los niños llegan a pensar que en verdad ellos son así, se comportan como se les acusa de hacerlo y su autoestima se ve afectada. Se confunden. No saben cómo actuar, qué se espera de ellos.
Esto lo descubren a cada rato los especialistas. Los psicólogos. Y hacen énfasis en la necesidad de que los padres y madres de familia recuerden que la personalidad, el carácter, los valores, el "yo" del niño está en formación. Todo lo que le sucede lo favorece o perjudica. Queremos es ayudarlo ¿no? Entonces hay que ser cuidadosos en lo que se hace y dice. Lo que se dice de él y cómo se le dice.