"El Viejo y el Mar", la más destacada novela del Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway, fue puesta en escena anoche con gran éxito en el Teatro Nacional, en la que se presentó una versión adaptada por el "Teatro Quetzal" de Costa Rica y bajo la interpretación de Rubén Pagura.
Este actor argentino de nacimiento, pero quien se considera costarricense por la cantidad de años que ha vivido en ese país, ha trabajado en gran cantidad de obras de distintos géneros, tanto clásicos como modernos.
En este caso, "El Viejo y el Mar" es una producción de 1995 dirigida por el uruguayo Amanecer Dotta, espectáculo que ya ha tenido la oportunidad de recorrer diversos escenarios de España y América Latina con resultados exitosos.
"El Viejo y el Mar" es la historia de un viejo pescador que tiene muy mala suerte. Lleva 84 días saliendo de pesca sin conseguir una presa, pero por su persistencia un día logra atrapar a un pez enorme.
Feliz porque ha atrapado al pez de su vida, el viejo se propone a salir del mar hacia a tierra firme, presentando luego la contrariedad de que los tiburones se comen a la presa en el camino.
"Una historia muy simple, pero a la vez, muy profunda", comenta Pagura. Y es que según el protagonista, "El Viejo y el Mar" es una metáfora muy poderosa porque en ella se habla de la vida, la muerte y la vejez, así como de los sueños y las esperanzas a pesar de las dificultades.
Al ser el texto de "El Viejo y el Mar" muy literario, con lenguaje, pensamiento y monólogo interior del personaje, no muy teatrales, el director, Amanecer Dotta, propuso abordar el texto de una forma muy corporal, sin traicionar la esencia del clásico literario.
Durante la interpretación de Rubén Pagura, el auditorio pudo observar claramente una actuación en donde el lenguaje verbal quedó en un segundo plano, permitiéndole al artista hacer un mayor despliegue del lenguaje corporal.
Lo más interesante de esta adaptación es que el director le pidió al artista que se olvidaran del texto y se quedaran con la historia. Otro de los desafíos que enfrentó Pagura fue trabajar en un bote muy inestable, el cual era la única escenografía. En la búsqueda de no caer, esto obligaba al artista a estar permanentemente en equilibrio.
"Era como una especie de metáfora que representaba la lucha del viejo por sobrevivir, una pelea entre la vida y la muerte, así como entre la noche y el día", relata Pagura. Según Roberto King, de la Fundación Universitaria para la Investigación y el Desarrollo, el objetivo de esta actividad es promover la cultura en el país.
Pero a la vez, con los fondos recaudados proyectan realizar una serie de talleres de "Origami", técnica japonesa que consiste en la elaboración de figuras y otros elementos, que será dirigida a los estudiantes de las escuelas primarias y secundarias del país.