El XXVIII Festival de Ballet de Cuba, la mayor fiesta de la danza en la isla, cuenta este año con la presencia de compañías de los Estados Unidos, Alemania, España, Argentina y el Ballet Nacional de Cuba.
Los teatros de La Habana, Santa Clara y Matanzas están llenos y mucho público se ha quedado sin localidades a pesar de que se han incorporado sillas extras y de que algunos espectadores pagan para verlo de pie.
En medio de esta fiesta, Alicia Alonso, la Prima Bailarina Absoluta de Cuba, recibió la medalla Nijinski, máximo galardón otorgado por el Comité Internacional de la Danza de la UNESCO. Los que conocen su historia creen que realmente lo merece. A fines de la década del 40 y en la cúspide de la fama en Estados Unidos, Alicia lo abandonó todo para regresar a Cuba y promover el ballet en su tierra.
En la tierra del son, la guaracha y la salsa, la promoción del ballet parecía una tarea imposible en aquellos años, sin embargo hoy es una de las mayores expresiones artísticas de la isla. En las escuelas de ballet estudian más de 800 niños y niñas que suenan con un día conmover a los espectadores desde un escenario y recibir como pago los aplausos de un público que aprendió ya a apreciar la danza.
Las escuelas básicas de ballet están hoy en todas las provincias, escasas de recursos, faltas de pintura y con las ventanas rotas pero con las puertas abiertas de par en par para todos los niños que amen el ballet.