La creencia de que los niños siempre dicen la verdad no corresponde exactamente a la realidad. Los que engañan a menudo tienen más probabilidades de meterse en problemas con más frecuencia, y los mentirosos crónicos tienen más posibilidades de delinquir en la edad adulta.
Para el psiquiatra estadounidense Arnold Goldberg "mentir, al igual que decir la verdad, es una parte más de nuestro crecimiento y desarrollo".
En efecto, algunos investigadores consideran que ciertas mentiras juegan un papel positivo en el desarrollo emocional de los niños y que la primera mentira con éxito de un niño puede constituir un aspecto fundamental en su crecimiento mental, al marcar la experiencia inicial de que sus padres no lo saben todo.
Los pequeños entre 3 y 5 años suelen confundir la realidad con la fantasía. Cuando juegan crean un mundo casi tan real como la vida y les gusta inventar historias. Es cuando hacen a los padres cómplices de sus juegos y de su realidad.
Éstos no mienten, tienen imaginación.