Del saludo sincero y espontáneo que nuestros campesinos ofrecen a los demás: "Ta" la manito", se nombra el festival, uno de los eventos más auténticos y tradicionales de nuestros días que se celebra anualmente en Ocú.
Fueron los educadores, celosos guardianes de las costumbres, quienes iniciaron la celebración. Luego la Ley 53 del 1 de septiembre de 1999 establece el Patronato del Festival del Manito Ocueño. Lilia Pinzón de Castillero, presidenta del patronato, define el festival como una actividad muy autóctona que recoge todas las costumbres y tradiciones del pueblo de Ocú y del hombre del campo. Este año se celebrará del 14 al 17 de agosto.
Se realizan concursos de salomas, gritos, polleras, montunos, canto de décima y décima escrita, tamborito y de cantalante, dividiendo en dos partes cada categoría: infantil y adulta. También se elige una reina que este año es Némesis Zuley Mitre y se hacen reconocimientos a los guardianes del folclore: artesanos, músicos, "gritadores", entre otros. La condecoración es un mejorana, la orden "Rodrigo Núñez", en memoria de un galeno quien trabajó mucho por las comunidades y falleció prematuramente.
Un matrimonio campesino, en el que una pareja real contrae matrimonio por la Iglesia Católica; "El duelo del tamarindo", "Los penitentes" y "El enfermo en la hamaca", forman parte de las coloridas actividades del Festival del Manito Ocueño.
En la noche del sábado se escenifica "El duelo del tamarindo", una dramatización muy atractiva en la que dos hombres de la región luchan por una tierra o por el honor de una persona. Todo el pueblo, la autoridades y aquellos que les gusta el folclore participan.
El duelo del tamarindo nació a raíz de lo que ocurría en antaño. Cuando se celebraban las fiestas patronales en el pueblo o se oficiaban misas grandes, el manito, algo pasado de tragos, llevaba en el hombro una manta. Cuando se sentía ofendido, procuraba que la manta arrastrase, quien se la pisaba era porque estaba dispuesto a enfrentarlo y se armaba el duelo. De allí proviene la frase: "Amaneciste arrastrando la manta".
Las peleas se realizaban en las cercanías de un lugar donde se libaba, bajo un inmenso árbol de tamarindo. El alcalde de aquel entonces mandó cortar el árbol pensando que era el responsable de los pleitos. Los duelos siguieron y se sembró otro árbol en el mismo sitio.
En las áreas rurales, donde los caminos están en malas condiciones , se acostumbraba transportar a los enfermos al hospital en una hamaca para no estropearlos en el lomo de un animal. De allí surge "El enfermo en la hamaca".
Hace años, los penitentes eran personas con deudas ante Dios o que pagaban por favores recibidos, quienes no querían que se conociera su identidad cubrían sus rostros. En la procesión se colaban fugitivos de la ley.
Los penitentes caminaban con una armazón de madera de bejuco con pequeñas cruces sobre los hombros. Llevaban los ojos vendados y una soga arrastrando con la que otros los guiaban y pisaban de vez en cuando para hacer más pesada su carga.
Uno de estos "penitentes", huía, cuando se percató de que unos muchachos lo perseguían para saber quien era, se dirigió al cementerio y apresuró el paso. En la prisa tropezó con una de las tumbas, soltando un grito por el dolor, los mozalbetes corrieron como alma que lleva el diablo. De allí surge la leyenda del "penitente de la otra vida".
Cada año el gobierno otorga al Patronato del festival B/.5.000 para su realización, suma que apenas alcanza para sufragar los gastos de las delegaciones participantes y otros egresos necesarios. El año pasado recibieron una cantidad extra que les permitió ofrecer premios significativos a los participantes del concurso, gente humilde que se sintió motivada a inscribirse por el dinero.
Este año, luego de muchas peticiones y ruegos, no se les brindó más dinero. Los organizadores temen ir de lo sublime (el festival del año pasado), a lo ridículo; al desilusionar a los que vienen de montaña adentro esperando ganar un premio y que se tengan que ir sólo con una palmada de felicitación en la espalda. Aman lo que hacen, pero sin los recursos necesarios, temen que se dificulte tanto la tarea al punto de dejar de realizar el festival. Esperemos que esto no ocurra.