Con la voz del cantante mexicano Cristian Castro de fondo, Annabel hizo un repaso por su vida, sus tristezas, alegrías y logros. Lágrimas, algunas de felicidad, se asomaron en su rostro durante la entrevista, sobre todo cuando hablaba de su familia.
Recordó que fue su gran amiga Rosa Inés Burujer y la Asociación de Damas Ecuatorianas las que le organizaron su primer desfile de moda en el Club Interamericano, con 150 personas.

“Mi vida cambió justo para la invasión en Panamá, una época cuando nadie pensaba en un diseñador”.
¿Cuándo se inició su carrera como diseñadora?

“Inicié desde que tenía 30 años de edad, hace casi 25 años, oficialmente 23 años”.
¿Cómo logró el éxito?

“Mi ley siempre ha sido poner todo en manos de Dios. Ya con una cartera de clientes consideré que era la hora de salir a buscar un local, un día fui a pasear con mi hijo a la Cinta Costera, observé un letrero que decía ‘se alquila’ y fue cuando decidí tomar el reto, siempre quise tener un taller frente al mar”.
¿Ha tenido obstáculos?

“Mis aprendizajes han sido dañando telas, trajes, en ocasión soltar 10 veces un mismo vestido y uno de nuestros mayores retos ha sido confeccionar desde la talla 0 hasta la 22”.
Con ojos llorosos, pero con una sonrisa recordó a una novia que se le dañó la cremallera del vestido el mismo día de la boda. “Hemos pasado de todo, peleas, conflictos, no es fácil tratar con clientes groseros”.
¿Cómo se considera Annabel como persona?
“Espiritual, muy creyente en Dios. Me siento una mujer con defectos, virtudes, fortalezas, con debilidades y si me tuviera que morir mañana, la mejor obra que he hecho son mis hijos”.
¿Cuál es su debilidad?
“Mi mayor debilidad son mis hijos, vivo para ellos, mi vida gira a su alrededor, fue lo mejor que Dios me pudo dar, sus triunfos y sus sufrimientos son mi debilidad”.
¿Cómo es su entorno familiar?
“Perdona mis lágrimas. (hace una pausa) Mira, los viajes los realizo con mi esposo y mis hijos, aunque tengamos un minuto, lo compartimos con calidad familiar, pero mi familia está consolidada y participan en todo”.
¿Exportó a otros países en algún momento de su vida?, ¿cuáles?
“Jamás imaginé vestir a dos primeras damas, que mis vestidos estuvieran en Venecia o que los hayan visto en Berlín, Portugal, España, Perú, Ecuador, Miami...”.
¿Es rentable diseñar en Panamá o hay que exportar la mercancía?
“Sí es rentable, porque existe una mano de obra muy difícil de hacer, que las altas costureras del mundo no las tienen como las que confeccionan en Santo Domingo de Las Tablas. La obra manual que hacen con la pollera y el peticote no existe en el mundo, es algo invaluable que hay que cultivar”.
¿Dónde compra telas?
“Con mucha frecuencia, desde hace 20 años, viajo a Nueva York, últimamente me las traen de Estambul en Turquía. Cuestan un poco más, pero son muy buenas”.
¿Qué pedidos le han costado trabajar?
“Una experiencia que me ha marcado mucho, hace dos años me pidieron confeccionar una guayabera, pero un mes después que la lució, falleció de un infarto”.