El tren bala alemán nos permitía observar la campiña alrededor de las márgenes del río Rhin. Castillos, pequeños poblados y cerros verdes se notaban en el trayecto a Hesse. Dejando Weisbaden, llegamos a la confluencia con el río Main (o Meno). Varios minutos después, a la distancia, se notaba la gran megalópolis de Frankfurt, la que muchos consideran la "Nueva York" de Europa.
La impresionante estación ferroviaria, ubicada en el mismo centro de la urbe, nos comunicaba directamente con el corazón financiero y empresarial más poderoso de Alemania. Rascacielos, centros de compra y avenidas amplias habían por doquier.
Esa fue nuestra primera impresión sobre Frankfurt am Main. Al siguiente día la vista desde el hotel permitía apreciar un amanecer espectacular desde la ventana; un cielo celeste de verano era el fondo para las cúspides metálicas de la torre del Messe Trade Center, con forma piramidal, color café oscuro. El bullicio de las calles vecinas me eran familiares a los de mi querida Panamá. Por supuesto que la ciudad de Frankfurt está atestada de gente: además de la presencia predominante de alemanes, habían latinoamericanos, franceses, turcos e italianos. En los tranvías modernos de Dusselrdofer Strasse, el populacho se combinaba con los elegantes empresarios que se dirigían a trabajar en el DAX, o la Bolsa de Valores Alemana.
De noche, la ciudad más importante de Alemania se toma unas horas para descansar; aunque ciertos bares y restaurantes permiten a la gente disfrutar lo mejor de la comida regional. No tan increíble fue encontrar un restaurante dirigido por cubanos y peruanos, en medio de la urbe. Escenas del Che Guevara, cantantes latinos de renombre, un idioma español hablado con fluidez entre la concurrencia, alegró nuestra visita. Dicho lugar, deno-minado "Cubar". A diferencia del Manhattan gringo, uno puede caminar, sin problemas, en las horas nocturnas de Frankfurt, como en la calle Kaiser, que directamente sale hacia la vieja estación del tren.
El casco antiguo de Frankfurt posee joyas arquitectónicas e históricas que cimentan la fama de la tierra germana: La Iglesia de San Pablo (Paulkirche), en donde se celebró la sesión de los Estados Alemanes en 1848; la Casa de Göethe, el ilustre poeta germano nacido en esa ciudad, y la Opera.
Claro que no nos perdimos la oportunidad de visitar los rascacielos de Frankfurt. Mientras nos entrevistamos con los banqueros en el lujoso edificio del Banco Central Europeo, sede del poder financiero del Continente Europeo, el intervalo entre reuniones nos dio la ocasión de ver toda la ciudad, desde el restaurante del piso 25 de ese complejo. Otros grandes rascacielos, como el Commerzbank, con su estructura ecológica, diseñada con amplios espacios con jardines, dentro del edificio, contrastaba con la belleza de diseños plateados del Dresdenbank. A lo lejos, parques ribereños y un sinnúmero de residencias se ubican ante las márgenes del río Main.
Al final, cuando se dirija de regreso a Panamá, verá las impresionantes instalaciones del gigantesco aeropuerto de Frankfurt; quizás el complejo aéreo más grande de Europa. Una moderna estación, paralela a la ya existente en la pista, permitirá la llegada de trenes de alta velocidad a esa terminal, que es la conexión obligada para los vuelos transcontinentales, desde Asia, Africa, el Mediterráneo y los Estados Unidos.