Los niños que son expuestos al tabaco que fuman sus padres o las personas que les cuidan, tienen más posibilidades de fallecer debido a la "muerte súbita", un síndrome cuyas causas exactas aún se desconocen y que es responsable de la mitad de las muertes de los pequeños de entre tres y cuatro meses, según un estudio reciente efectuado en Estados Unidos.
El riesgo aumenta si los padres fuman en la habitación del niño, si la madre consume tabaco nada más dar a luz y si las personas que cuidan al pequeño fuman al lado de su cuna, según el trabajo de la doctora Hillary S. Klonoff Cohen, de la Universidad de California, en San Diego, quien analizó 200 casos de muerte súbita y a 200 niños sanos de hogares donde no se fuma. El estudio, publicado en la prestigiosa revista "JAMA", es sólo uno de la larga y creciente lista de investigaciones que confirman cada vez más que el denominado "humo de segunda mano" no sólo aumenta el riesgo de que quien lo aspira regularmente sufra determinadas enfermedades y trastornos de la salud, sino que los más afectados y vulnerables al tabaco son los niños.
Los investigadores y las organizaciones de la salud han comenzado a estudiar el impacto del fumador no sólo en los lugares de trabajo, restaurantes, transportes y sitios públicos cerrados, sino sobre su familia y en el lugar de convivencia.
Uno de los mayores golpes al tabaquismo se ha producido en 1993, cuando la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA) y la Secretaría de Salud, de EEUU, difundieron un estudio que equipara el humo de tabaco en el ambiente a un agente cancerígeno del grupo A, es decir como una causa conocida de cáncer.
HUMO DE SEGUNDA MANO
El informe de la EPA indica que cada año en EEUU mueren 3.000 no fumadores por cáncer de pulmón, debido a los efectos del "humo de segunda mano", y otras 200.000 personas sufren distintos problemas respiratorios a causa de respirar el tabaco ajeno.
La bronquitis y la neumonía son otras de las enfermedades asociadas al tabaquismo pasivo según los datos de la EPA, cuyo informe también asegura que la exposición al humo del tabaco aumenta la gravedad y la frecuencia de los síntomas del asma en el casi millón de niños que presentan esta dolencia, en EEUU.
Las principales víctimas del tabaquismo ajeno, según el estudio estadounidense, son los menores de dos años: los más pasivos entre los denominados "fumadores pasivos".
Del extremo incandescente de un cigarrillo se desprenden productos irritantes, agentes cancerígenos, gases tóxicos, y sustancias que interactúan con otros contaminantes caseros y potencian su acción.
El humo de la combustión del tabaco y el papel de un cigarrillo puede ser más peligroso que el aspirado por el fumador, ya que contiene más monóxido de carbono, alquitrán, benzopireno, amoníaco y sustancias tóxicas.
Además, el humo de cigarrillo que se consume lentamente en el cenicero es más insalubre porque sale a menor temperatura. El humo que aspira el que fuma alcanza muchos más grados y parte de sus componentes cancerígenos se queman.
"Los niños, sobre todo los bebés, son muy susceptibles al efecto del tabaco, porque sus pulmones sufren desproporcionadamente al estar todavía creciendo y desarrollándose", ha señalado Alfred Munzer, presidente de la Asociación Americana del Pulmón.
Los pequeños desarrollan con mayor frecuencia neumonías, sinusitis, bronquitis, catarros y otitis de forma crónica si los padres no evitan que el humo del tabaco afecte a sus hijos, confirma el doctor Carlos A. Jiménez Ruiz, de la Unidad de Tabaquismo del Hospital de la Princesa de Madrid, España.
UNA PRUEBA TRAS OTRA
Buena parte de la comunidad científica y expertos de la Organización Mundial de la Salud creen que hay datos suficientes para asegurar que el humo ambiental produce un riesgo real. Los estudios presentados después del decisivo informe de la EPA no han dejado de confirmarlo.
La revista médica "The New England Journal of Medicine", ha publicado un trabajo de expertos de la American Health Foundation de EEUU, que indica que las personas no fumadoras expuestas al humo del tabaco excretan con su orina sustancias que poseen un potente efecto cancerígeno sobre los pulmones.
Según otra investigación estadounidense publicada en la revista médica JAMA las mujeres que no fuman pero viven con alguien que ha fumado el equivalente a dos paquetes de cigarrillos diarios durante 25 años, tienen un 30 por ciento más de riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, que aquellas en cuyas casas nadie tiene este hábito.
El riesgo de cáncer de las mujeres estudiadas es aún mayor si durante su infancia sus padres fumaban, según el informe.
"El tiempo acumulado de exposición al humo ambiente causa un profundo impacto en el riesgo de desarrollar cáncer pulmonar", ha confirmado el profesor David M. Burns, de la Universidad de California, en San Diego (EU).
Muchos niños están fumando regularmente al respirar el humo residual de los cigarrillos que encienden e inhalan sus padres, lo que causa un alto porcentaje de enfermedades importantes entre ellos, según la Asociación Cardiológica Americana.
"Los fumadores que tienen dificultades para dejar el tabaco o que no lo piensan dos veces antes de encender un cigarrillo en público, normalmente cambian de opinión cuando saben que están dañando a los niños de su familia", señala la cardióloga Rae-Ellen Kavey, de la Universidad Estatal de Nueva York, EEUU.
GUERRA AL TABACO
Guerra al tabacoavey opina que los médicos deben persuadir a los padres para que no fumen desde el principio, aprovechando los primeros años de la familia, cuando los mayores visitan con sus hijos al pediatra o al médico familiar con regularidad, para las revisiones e inmunizaciones de los niños.
El doctor Willian B. Moskowitz, del Colegio de Medicina de Virginia (EEUU), y su equipo, han encontrado que los chicos preadolescentes expuestos al tabaquismo paterno en la casa, disminuyen sus niveles de colesterol HDL (tipo de colesterol que parece contrarrestar la acumulación de grasa en las arterias).
La reducción de este colesterol "bueno" a temprana edad aumenta el riesgo del niño de desarrollar enfermedades cardíacas, según los especialistas de Virginia, que han estudiado a 216 pares de gemelos de familias fumadoras y no fumadoras.
Moskowitz y su equipo descubrieron que la exposición al "humo ajeno" en los niños estudiados reduce la capacidad de su sangre para portar oxígeno, lo que hace que sus corazones estén bajo tensión a largo plazo y tengan que trabajar más duro, lo cual puede causar problemas cardíacos con el correr de los años.
Ni el filtro orgánico que supone la madre consigue evitar que el recién nacido sea el fumador más pasivo entre los pasivos. Así lo sugieren las investigaciones efectuadas por el científico G. Koren y su equipo del Hospital General de Toronto, en Canadá.
Koren y su grupo han comprobado que la acumulación en el cabello de nicotina y de su metabolito, la cotinina, refleja con precisión una prolongada exposición de la persona al tabaco.
Los investigadores han analizado y comparado las cantidades de estos dos componentes nocivos del tabaco que estaban presentes en el cabello de tres grupos de madres y sus respectivos hijos: fumadoras, no fumadoras y fumadoras pasivas.
La conclusión es alarmante: aunque sin llegar a las cantidades observadas en los hijos de madres fumadoras, los recién nacidos de fumadoras pasivas tienen en su pelo cantidades considerables de nicotina y cotinina.
Diversos estudios indican que las madres que fuman tienen un mayor riesgo de dar a luz niños de bajo peso y prematuros, de sufrir abortos espontáneos y de mortalidad perinatal. También se ha observado que el tabaco es neurotóxico para el niño y puede afectar el desarrollo de su comportamiento.